lunes, 1 de octubre de 2012

SIETE DIAS EN LA CIUDAD

Bonfatti y la patrulla infernal

El gobernador resistió el amotinamiento de los patrulleros del Comando Radioeléctrico a un costo menor al que se esperaba. Ahora estudia como mostrar más dureza en la conducción de los uniformados sin generar nuevos espacios de rebeldía. El aviso político de Lifschitz y los preparativos de los partidos para el 2013.
 
Por Leo Ricciardino
Más allá de que el gobierno de Antonio Bonfatti haya decidido que iba a llevar las cosas al límite para convencerse y convencer de que la policía estaba protagonizando el primer y último amotinamiento de la gestión; para todos es claro que algo se quebró. Algo entre los mandos políticos y los policiales no es igual. Algo entre los jefes uniformados y los agentes tampoco es lo mismo. El paro de las patrullas de Rosario que dejó a la ciudad sin protección prácticamente durante casi todo un día fue un hecho grave, a no dudarlo, pero permitió ver ciertas cosas. La primera de ellas es la escasa gravitación de Apropol. El pretendido sindicato de Martínez llegó tarde y se quedó sin nada al final del día. No pudo extender la protesta hacia otras demandas y el predicamento de estos ex policías sobre los jóvenes agentes es prácticamente nulo.
Segundo. La no aparición de funcionarios políticos hasta bien avanzado el conflicto fue una estrategia muy arriesgada, pero no menos planificada. El ministro Raúl Lamberto sabía con exactitud los límites de la protesta y hasta dónde podía llegar. Se jugó al desgaste de los amotinados que después, tuvieron que incluir en la negociación la posibilidad de no ser sancionados. Pero sin garantías. El objetivo que tenían se cumplió: La policía no abandona el turno de tercios de 9 horas por 31 de descanso pero se compromete a intensificar los patrullajes.
También quedó en la superficie la precariedad laboral de los agentes que reclamaron como bravos por su tiempo de descanso pero, obviamente, no para pasarlo con sus familias sino para acumular adicionales que engrosen el magro sueldo que tienen. También, en ocasión de reunir a casi 50 patrulleros frente a la sede de gobierno (una ocasión que no abunda) se pudo observar claramente el estado de los mismos. Una cosa es ver a una patrulla deteriorada y con las gomas lisas y otra muy distinta es observar un lote completo de autos que en su gran mayoría necesita urgentes mantenimientos.
La siempre mencionada interna policial también asomó por un momento. Hasta dónde los jefes Miranda y Brest mantienen diferencias, nadie lo sabe con exactitud, pero el segundo es conocido como un duro de acción que mantiene su respeto entre los agentes. Mientras que el número uno ha hecho una carrera diferente y no es de los que son seguidos por grandes grupos. Con todo, los dos se encargaron de bajar la orden del poder político. Claro que muchos suponen que lo hicieron para que si había equivocaciones, éstas quedaran en evidencia.
La oposición en la provincia, en general, eligió no agregar leña al fuego pero algunas cosas se dijeron. Lo más destacado y reiterado es que Bonfatti está pagando las consecuencias de lo que no hizo su antecesor y mentor Hermes Binner. Lo mismo que con el gasto público y los ingresos, para un vasto sector del peronismo la mayor parte de los problemas del actual mandatario tienen su origen en la gestión que heredó. Y muchas veces es difícil oponerse a esa situación cuando se observa que en lugar de Lamberto estuvo Alvaro Gaviola cuya experiencia más fuerte en seguridad había sido sellar documentos en el Registro Civil. Claro que para ser justos habría que recordar que Bonfatti era el ministro de Gobierno y que muchas veces se lo escuchó defender al propio Gaviola y su no-gestión. De todas maneras hoy la realidad es otra y ya sea por mérito propio o por necesidad, la actual gestión socialistas logró mostrar otras dotes. Primero con Leandro Corti, quien cayó por exceso de carácter pero aún se lo extraña; y ahora un hombre del riñón político que puede conducir sin levantar la voz y mostrar una lealtad a prueba de todo.
Pero la policía sólo cambia de perfiles. El blando por el duro, el dialoguista por el autoritario, y -cuando se puede- el insospechado por el sospechado. Siendo este último perfil el más difícil de encontrar. Los uniformados no son pocos ni muchos, lo importante es que son un actor clave en la película de la inseguridad, se le den las vueltas que se le den. Y cuando los standards son rebasados las cosas empiezan a salir mal, como sucede ahora en Rosario donde a los delitos menores que más molestan a la gente, se le agregan los complejos con nuevas características que desorientan a las autoridades.
El que avisa.
Esta semana el senador provincial Miguel Lifschitz salió a marcar la cancha para el 2015. Avisó para propios y extraños que no tiene el menor interés en integrar una lista de candidatos a diputados nacionales por el Frente Amplio Progresista y que prefiere reservarse para una candidatura a gobernador para 2015.
Cuando se le pregunta a Lifschitz qué cree que perdió cuando todos lo señalaban como el sucesor cantado de Hermes Binner en la Casa Gris, y en su lugar el líder del FAP se decidió por Bonfatti; el ex intendente de Rosario usa -como muchas veces lo hace- una fórmula invariable para decir poco y evitar hablar de lleno del asunto: "Yo nunca me imaginé que iba a llegar a intendente, por lo tanto uno tiene deseos personales pero está convencido de un proyecto y ahí va donde lo necesitan". Claro que no es tan así, pero en política nada lo es.
Con todo el senador quiere cumplir su mandato y salir de la disputa. Además sabe que está Binner que para diputados las encuestas lo muestran cortado sólo en Santa Fe.
El que volvió a relanzarse, por cuarta o quinta vez como candidato a encabezar una lista de diputados en Santa Fe es Miguel del Sel. El cómico mira de reojo los números y en su entorno cada vez están más convencidos de que el batacazo inexplicable de 2011 está cada vez más lejos. Los zondeos actuales lo ubican tercero cómodo en la preferencia de los santafesinos. Pero todavía falta mucho.
Agustín Rossi ya está lanzado desde hace tiempo y en las encuestas empezó a trepar en las últimas semanas. Esta candidatura es totalmente distinta de la anterior suya a gobernador donde se jugaban otros factores. Rossi es ahora identificado como una carta fuerte del oficialismo en el Congreso y ahí en ese núcleo duro es en donde cosecha votantes. Su papel destacado en temas clave como la reestatización de YPF lo ubican como una pieza central del gobierno en el parlamento y no es otro el perfil que debe mostrar en esta elección.
En el mismo sector, muchos peronistas ahora dicen que "hay uno que se apuró a probarse el traje" en referencia al ascendente intendente con licencia de Granadero Baigorria y secretario de Transporte de la Nación, Alejandro Ramos. Su participación en las negociaciones por la reforma tributaria lo dejaron un tanto en falsa escuadra y no son pocos los que recuerdan aquel reto vía satélite de la presidenta cuando dijo "yo no tengo voceros en Santa Fe que hablen por mí", a lo que añadió "me contaba Agustín (Rossi) que...", con lo que dejaba aclarado que la reprimenda no era para el jefe de la bancada de Diputados del Frente para la Victoria. Habrá que esperar, aunque por las dudas dicen que el joven abogado baigorriense prepara un colectivo para largar la campaña, para el año que viene o para el 2015. Se verá.
El subte perdió una pasajera. ¿Cuántas estaciones le quedan?
Mientras el Conductor del programa que se emite por una FM santafesina dialoga con el propietario para ver si sigue o no, tal cuál lo había adelantado CFIN, Silvina Camino por "Amor" viaja al exterior.
En esta Agencia de Noticias siempre vamos con la verdad, por eso somos los de mayor repercusión en la provincia de Santa Fe con alcance nacional. Los que visitan a diario CFIN confían en nosotros. Aunque les duela a algunos. No hay que insultar al aire, no tienen porqué ponerse mal con nosotros, en todo caso, hagan una autocrítica de lo que están haciendo mal. No basta con recibir la pauta oficial, también hay que saber cómo atraer al oyente.
Habíamos adelantado en CFIN, que la díscola de Silvina Camino no se sentía a gusto en el "Subte" porque ella, por cuestiones de "Amor" se sentía algo angustiada. Fue así nomás, la Locutora que por donde pasa no deja una buena huella. Silvina está partiendo a la lejana Monterrey en búsqueda de su "media naranja". Y está bien que lo haga, primero está la felicidad, le deseamos lo mejor.
En tanto, el programa, no anda bien. Ni en audiencia ni en publicidad-
Coni Cherep había confiado que, tenía decidido irse de la emisora porque no se habían cumplido con sus expectativas. Pero en la tarde del pasado viernes, habría dialogado con uno de los máximos responsables de la FM. Decidieron continuar un "poco" más. No están bien las relaciones entre Coni y los propietarios, los aportes publicitarios no aparecen y se inquietan. Luciana Mascheroni reemplazaría a Silvina Camino, pero al "Subte" no le quedarían muchas estaciones por recorrer.
En la FM, Ricardo Porta y Alejandro Colusii son los estandartes y el "Negro" Velázquez con su equipo la "pelean.
Esperamos que todo se solucione porque un proyecto periodístico debe tener el respaldo del medio

una nota de color

Los asados de ayer: El nacimiento, auge y declive de la comida nacional

Es trágico pero cierto: perdimos el primer lugar en el ranking de consumidores de carne, nos pasó Uruguay. Los mitos de la argentina y por qué cambiamos nuestra dieta.
Es trágico pero cierto: perdimos el primer lugar en el ranking de consumidores de carne, nos pasó Uruguay. Los mitos de la argentina y por qué cambiamos nuestra dieta.

Asado en Mendiolaza de Marcos López



Por Diego Vecino
@contrarreforma


Déjenme empezar este artículo con una confesión: yo formé parte de algo llamado El Club de la Bondiola. No era nada especial, en realidad, pero era la manera en que habíamos decidido llamar con mis amigos a nuestras interminables jornadas de asado, fernet y truco en la terraza de la casa de Motoneta, un hermoso PH en el barrio de Once, sobre la calle Boulogne sur Mer.
El Club de la Bondiola se juntó todos los fines de semana de verano y primavera -y algunas noches de crudo invierno también- durante muchos, muchísimos años. Casi desde que terminamos la secundaria y hasta 2009 o 2010, cuando Motoneta se mudó al enclave de civilización socialista de la provincia de Santa Fe, enamorado de una rosarina que se lo llevó. Al principio, éramos sólo nosotros, resistiendo anárquicamente los imperativos de la noche porteña en torno a la parrilla, pero con el tiempo al Club de la Bondiola fue ingresando más gente: amigos de amigos -los que considerábamos dignos-, chicas que conocíamos en viajes y a las que no se nos ocurría mejor manera de agasajar que invitándolas a comer un asado, familiares (vaya un pequeño homenaje al Loco Miguel), etcétera. En algunas jornadas éramos veinticinco, treinta personas, comiendo en una mesa larga y desprolija. En otras, éramos solamente cuatro viendo crepitar las brasas al contacto con la grasa de un cacho gigante de bondiola.
¿A qué iba todo esto? Ah, sí. Con el tiempo, pude comprobar que nuestra pequeña agrupación sentimental no constituía una casualidad ni un enclave solitario de adoración carnívora y amistad. No. Muy por el contrario, a medida que fui creciendo y conociendo gente en la facultad, en viajes, en las diversas oficinas por las que transité, en los miles de cursos de bonsái y pilates que alguna vez tomé, me di cuenta de que a lo largo y ancho de la Argentina había grupos similares de amigos, con nombres distintos. No éramos los únicos, ni éramos originales. Ni siquiera éramos los mejores. Existían diez, cien, mil clubes de la bondiola. Incluso en otros países: llegué a reconocer grupos de argentinos que, exiliados en algún momento de su vida, se habían conocido en otras ciudades del mundo y habían formado reuniones similares, transportando consigo el expertise nacional del asado. Y, de hecho, estoy seguro de que nueve de cada diez lectores de estas líneas alguna vez tuvieron su Club de la Bondiola: asados rituales e informales a los que le pusieron un nombre boludo o le armaron un grupo de Facebook.
Sólo hay otro ritual capaz de pelearle la hegemonía al de hacer asado, y ese es el acto repetido y semanal de juntarse a jugar al fútbol 5. Esas son las dos grandes pequeñas pasiones argentinas capaces de conjurar identidades fugaces pero fuertes. Y, de las dos, el asado creo que es la fundamental, la organizadora, la que jerarquiza todas las demás prácticas de la vida cotidiana. Cuando alguien conoce a alguien nuevo -un compañero de trabajo, uno de facultad, incluso una novia nueva-, una de las primeras cosas que hace, para testear la relación, para ver si es posible elaborar una amistad o un amor duradero, es compartir un asado. Si eso falla, ya nada tiene remedio.
Me acuerdo uno de esos asados interminables, hace dos años. Estábamos en la víspera del Mundial de Sudáfrica y por internet circulaban esas cadenas hermosas que construían las similitudes astrológicas entre esta Copa del Mundo y la del 86, vaticinando que estábamos predestinados a ganarla. A mis amigos y a mí, esa posibilidad nos emocionaba mucho. Cuando estábamos borrachos y atiborrados de carne, la emoción podía acercarse a las lágrimas. En ese momento, uno de nosotros, no me acuerdo quién, dijo que seguro salíamos campeones, porque, si no, "nos vamos a convertir en Uruguay, un país que ganó un par de copas hace mil años y que vive nostálgicamente de esa gloria".
Finalmente, en Sudáfrica nos fuimos en cuartos, cubiertos de angustia e ilusiones rotas; en cambio, Uruguay tuvo un heroico pase a semis, donde completó una dignísima derrota por 3 a 2 frente al subcampeón Holanda. Este relevo sudamericano quizás sea la metáfora de algo más grande. De hecho, pienso en esto y pienso en el título del primer disco de The Klaxons, Myths of the Near Future: los mitos de un futuro cercano. Como un eco de algo que todavía no sucedió, este halo cebollita de ser los segundos de Uruguay envuelve la Argentina con el peso muerto de la resignación. Porque no sólo resignamos frente a la patria de Artigas nuestra hegemonía futbolística regional, que otrora aceptaríamos compartir únicamente con Brasil, sino también otro podio, igual de doloroso: el de ser el país que más carne consume en el mundo.
Sí, así como lo leen.
Es trágico pero cierto: perdimos el primer lugar en el ranking de consumidores de carne, nos pasó Uruguay. Los mitos de la argentina y por qué cambiamos nuestra dieta.

En las últimas tres décadas y media, el consumo de carne en la Argentina se estabilizó en un nivel promedio de 2,26 millones de toneladas anuales. Esto alcanzaba para asegurarnos un cómodo primer puesto en el ranking mundial de consumo de carne vacuna: cerca de 70 kg promedio per cápita, seguidos de Uruguay (alrededor de 50 kg per cápita) y Estados Unidos (alrededor de 40 kg per cápita), según datos de la FAO (la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y del IPCVA (el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina). Este orgulloso dato, sin embargo, debe ser examinado en detalle: con una breve depresión en 1972 y un fenomenal pico en 1986, la tendencia argentina es, desde hace quince o diecisiete años, declinante. En 1958, consumíamos 98 kg de carne per cápita; durante los 90, el promedio fue de 67,4 kg per cápita. Actualmente, vivimos sumidos en la vergüenza: consumimos al año cerca de 54 kg de carne per cápita.
Esto nos priva de la supremacía mundial desde hace dos años. El primer puesto lo ostenta, ahora, sí, nuestro hermano país, Uruguay, que en 2010 alcanzó los 59 kg anuales per cápita. Deshonroso como suena -y como efectivamente es-, estos datos horadan el núcleo mismo de las creencias que tenemos sobre nosotros mismos. La orgullosa Argentina imperialista, futbolera y vacuna que alguna vez fuimos ¿sigue existiendo?
Los mitos del pasado cercano
Desde su independencia, a principios del siglo XIX, la Argentina fundó sus mitos en fuerte vinculación con lo que fue su estrategia de inserción en el mercado mundial. Como el gran país agroexportador de América latina, estos mitos fueron expansivos: elaboramos imaginaciones grandilocuentes que armonizaron y reforzaron el ideal de usina productora de materias primas: el país de todos los climas, el Granero del Mundo, la tierra en donde tirás una semilla al descuido y crece.
Esto no es para nada una figura retórica. Ortega y Gasset, importado a Buenos Aires para el regocijo ocioso de los grandes productores de cereales y vacas "que se dejaban esquilmar por los hoteleros franceses con una soberbia displicencia", decía en el inicio de la Década Infame: "El pueblo argentino no se contenta con ser una nación entre otras, quiere un destino peraltado, exige de sí misma un destino soberbio, no le cabría una historia sin triunfo y está resuelta a mandar. Lo logrará o no, pero es sobremanera interesante asistir al disparo sobre el tiempo histórico de un pueblo con vocación imperial".
De esos años data, de hecho, el mundialmente célebre eslogan turístico: "Dios es argentino". El extraordinario régimen de lluvias, la aparentemente interminable capa de humus que cubre toda la pampa, concedía a la producción agropecuaria una renta diferencial natural respecto de cualquier otra región del mundo. Sin necesidad de ciencia o técnica, ni de maquinarias, ni de semillas especialmente tratadas, los alimentos argentinos eran extremadamente competitivos en el mercado mundial, a la par de otras economías (como el sur de Estados Unidos o Australia) que se habían ganado un lugar sólo a condición de imprimir muchísima tecnología a la cadena de producción agropecuaria.
Así, la Argentina forjó y cumplió, como una profecía autorrealizada, su destino de gran nación carnívora. En sintonía con este orgullo patrio, los argentinos adquirimos un carácter insoportablemente sanguinario. Convertimos el acto de prender un fueguito y echar, de manera rústica, sobre cualquier superficie de acero, carne cruda, cuero, vísceras en leitmotiv espiritual y en el motivo de nuestra fama mundial. Nuestra santísima trinidad culinaria es hiperbólica y troglodita: asado, chimichurri y fernet. Y, a pesar de que estas ideas son en general ciertas -porque nos las creemos-, pueden también no serlo tanto.
A lo largo de los últimos cien años, el consumo de carne en la Argentina vive una leve pero progresiva e indeclinable tendencia hacia la baja. Actualmente, de hecho, estamos merodeando una especie de fondo: ya no comemos tanta carne, ya no hacemos tanto asado, ya no producimos tantas vacas.
Los fenómenos que coexisten para provocar este devastador efecto son varios y están en el punto exacto en el que se interceptan la macroeconomía y el auge de la new age, los precios chinos de la soja y la moda del well-being. Por supuesto, la imaginación de que somos carnívoros persiste, porque es más fácil destruir una economía que una idea. Y mucho más difícil es destruir una creencia de la que estamos orgullosos.
La vanguardia
Es trágico pero cierto: perdimos el primer lugar en el ranking de consumidores de carne, nos pasó Uruguay. Los mitos de la argentina y por qué cambiamos nuestra dieta.
Todo mito tiene su nacimiento y, a la vez, todo mito es cierto en sus efectos, pero no necesariamente en sus orígenes. El de la Argentina bendecida por sus tierras fértiles y dominada por una pequeña cantidad de familias oligarcas y parasitarias también es puntillosamente cuestionable en parte.

Hacia la década del 50 del siglo XIX, la ganadería argentina se caracterizaba por una hacienda, casi en su totalidad, compuesta por vacas "cimarronas" y por la exportación de cueros, sebo y, en menor medida, carne salada. Esto significa que, en sus inicios, la producción pecuaria nacional era de bajísima calidad y estaba destinada casi exclusivamente al consumo de los sectores populares. Por esos años, de hecho, la Argentina tenía mejores ovejas que vacas, gracias a la influencia de un grupo de estancieros ingleses afincados en la Patagonia que habían logrado importar carneros de raza a partir de 1826.
El ejemplo pretérito de esta camada de inmigrantes británicos decididos a vivir el gran sueño latinoamericano provocó que hacia 1860 -momento en que se produjo el gran auge de la lana argentina- un pequeño grupo de ganaderos litoraleños angustiados comenzasen a pensar la manera de mejorar la productividad de su negocio. Porque si bien era cierto que la pampa poseía un clima inmejorable y condiciones naturales para la cría de ganado, la hacienda de la zona no engordaba hasta los seis o siete años de crianza y daba una carne en general dura y no muy sabrosa.
Este pequeño grupo era realmente pequeño: aproximadamente 50 productores, según afirma Carmen Sesto en su libro La vanguardia ganadera bonaerense, 1856-1900 (2005), que constituyeron un núcleo "fuertemente comprometido con la producción pecuaria de máxima especialización, como la implantación de una tecnología de alta productividad cuyo sostén requirió una gran dotación de capital e inversiones de riesgo en ganado mejorado".
El proceso que inició esta vanguardia desarrollista, que tuvo el impulso de convertirse a la fuerza en zootecnista y que tuvo los huevos de poner mucha guita en ese ejercicio incierto, culminó hacia el 1900, cuando la Argentina finalmente desplazó a Estados Unidos como primer proveedor a Inglaterra de novillos en pie. Este camino coronado de casi cuarenta años fue tortuoso y angustiante, plagado de apuestas millonarias y de grandes pérdidas, y en general financiado con las ganancias extraordinarias de las lanas patagónicas y la renta menor de la ganadería tradicional que logró copar un mercado interno hecho de pobres y de gauchos.
Entonces, hace apenas cien años fue que el recientemente consolidado pero todavía dubitativo Estado argentino, que ni siquiera había emprendido su primera democratización política, empastó su necesidad de grandes narraciones de identidad para sostener una hegemonía que era férrea y lábil a la vez -como el Goliat de cuerpo demasiado enclenque que narra Martínez Estrada- con el discurso naturalista dominante de la época, para dar luz al gran hijo simbólico de la patria agroexportadora: no hay carne en el mundo como la carne argentina.
La caída y sus resistencias
Los mitos de la Argentina carnívora fueron, así, el magma emotivo sobre el cual naufragó y se cocinó nuestra identidad nacional. El sociólogo norteamericano Claude Fischer señala que los humanos "somos los únicos que comemos nutrientes y sentidos". Por otra parte, en el libro Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura (1974), el antropólogo Marvin Harris analiza los fuertes significados culturales que sostienen las estructuras alimentarias de muchas culturas nacionales. La carne, para Harris, adquiere un sentido político, simbólico e, incluso, institucional decisivo que, en muchos casos, subyace a crisis sociales de gran escala.
En el caso argentino, esto es taimadamente así. De hecho, existe un consenso bastante extendido de que el desempeño económico de nuestro país durante la segunda mitad del siglo XX, sus sucesivas crisis en la balanza comercial -desempeño que se conoció bajo la figura poética de "stop 'n' go" -, en gran parte se debió a que los bienes exportables, o sea, los cereales y la carne, constituyen a la vez bienes salarios, es decir, bienes que pertenecen a la canasta básica de los sectores populares.
Como sea, la identificación mágica del pueblo argentino con la carne y la pasión desenfrenada por su consumo, por supuesto, podría no existir. Así sucede en otras sociedades no necesariamente lejanas (en casi todo el resto de América latina, bah), sin que ese hecho sea excesivamente misterioso o sobrenatural. Pero, sin embargo, existe. ¿O existió?
Empecemos citando un párrafo divertido y poético que nos pareció que valía la pena extraer de un informe muy serio que el IPCVA lanzó en 2006 acerca del consumo de carne en la Argentina: "El consumo de carne vacuna se ve amenazado por las tendencias modernas en alimentación saludable, fundamentalmente por la exaltación de lo natural y ecológico que estimula el consumo vegetal y propende a un bajo consumo de carnes rojas y por el desarrollo de mercados de carnes no tradicionales. Estas tendencias podrían debilitar el vínculo histórico de los argentinos con la carne vacuna desde diversos ángulos: desde la salud, el temor al colesterol, el riesgo cardíaco, la aftosa, los problemas de higiene, entre otros. Desde la estética: el efecto sobre el exceso de peso. Desde el deporte: la necesidad de sobreactuar para compensar excesos. En segmentos de nivel alto y medio: la cultura new age y la aparición de la moda chef que incorpora otros productos".
Es trágico pero cierto: perdimos el primer lugar en el ranking de consumidores de carne, nos pasó Uruguay. Los mitos de la argentina y por qué cambiamos nuestra dieta.

Como se aprecia, la caída en el consumo de carne es algo capaz de provocar una fuerte alarma y algún que otro exabrupto. Pero ¿por qué permitimos que esto nos pasase?
Hay dos factores que parecerían explicar esta caída larga, lenta y tortuosa. El primero es estructural y tiene que ver con el cambio en los precios relativos de la carne vacuna y con el crecimiento de la producción local de sus productos sustitutos (pollo, legumbres, soja, etcétera). Esto favorece, en principio, una estructura de producción en la que el grueso de la carne se direcciona hacia el mercado externo, por lo que aumenta la rentabilidad del negocio y se hipervalúa el precio de los cortes en el mercado interno.
Un abonado de esta explicación es el multifacético Alberto Samid, recordado por protagonizar uno de los hitos bizarros en los últimos estertores de la televisión noventosa, cuando cagó a trompadas en cámara a Mauro Viale. Samid, eximio ajedrecista y polemista border, es, además, miembro de una familia de inmigrantes árabes con larga tradición en la producción pecuaria.
Para Samid, el problema del aumento del precio de la carne tiene que ver con el boom de la soja que, al subir tanto el precio en el mercado internacional, hizo que fuese mucho más rentable sembrar el yuyo que criar ganado: mucha menos inversión y altísimos precios en dólares. Esto produjo una caída de 10 millones de cabezas de ganado entre 2007 y 2011, una baja de más del 16% en el stock vacuno de la Argentina. Frente a la escasez, por simple ley de oferta y demanda, el precio subió de 12 o 13 pesos el kilo de asado a los 40 pesos de hoy en día.
El Turco es dueño de la cadena de carnicerías La Lonja, que tiene más de veinte locales salpicados a lo largo y ancho del conurbano bonaerense y algunos barrios laterales de la Capital Federal (Once, Parque Chacabuco, los límites de Devoto, Floresta, Liniers). Traspasar las puertas de cualquiera de esos pequeños enclaves de resistencia de la argentinidad carnívora es una experiencia de compra edificante. Todo ahí adentro irradia el aura del exceso: la carne exhibida es mucha, muchísima, y la cartelera de precios enfatiza las ofertas con círculos, estrellas y mucho flúo. Sobre la marquesina que da a la calle, el logo de la cadena nos muestra a nuestro antihéroe matancero con corona y cetro sobre el inapelable claim: "El rey de la carne".
Samid es un orgulloso y gallardo monarca peronista con un lugar central en el mapa del consumo de vacas en la Argentina. Los precios en La Lonja son realmente accesibles, consiguiéndose el kilo de todos los cortes, desde los populares hasta los otros, a como mínimo diez pesos menos que en cualquier carnicería de barrio. La razón de su éxito es que Samid es uno de los pocos empresarios -o el único- que logró integrar verticalmente todas las instancias de la producción pecuaria, desde la cría de ganado hasta el local de retail, pasando por los frigoríficos.


La primera vez que compré carne en el local que tiene La Lonja dentro de la estación de trenes de Once, reconozco que lo hice con desconfianza. Los precios son muy bajos en serio, si no dudás no sos gente. Pero el asado salió diez puntos, y a partir de ahí empecé a frecuentar la carnicería de Samid como primera alternativa a Roberto -mi carnicero-, que tiene unos horarios inclasificables y estrafalarios y varias veces me sorprendió con la jodita de tener el local cerrado un viernes a las siete de la tarde. Con el tiempo, fui recolectando experiencias en La Lonja siempre con resultados impecables.
El único fail fue cuando con unos amigos, hará un año, decidimos probar la "Carne para todos" del Gobierno. La tira era horrible, dura y grasosa, y terminamos pidiendo pizza. Eso sí: gastamos 80 pesos para comer ocho o nueve, y tampoco podemos echarle la culpa al Turco por el chasco. Indudablemente era carne para hervir, y con mis amigos tuvimos el impulso lumpen de intentar ver qué pasaba con algo que ya desde el exhibidor se veía no muy recomendable. Con todo, La Lonja te exime, a precios muy competitivos, de la fría y despersonalizada tarea de elegir cortes en bandejitas de telgopor en la góndola de un supermercado, acción que concentra todos los significantes del antiasado. Sin embargo, sí hay que armarse de paciencia, porque las carnicerías reales del ajedrecista Samid están siempre llenas de gente amontonada que se acerca al mostrador para llevar cortes baratos en pequeñas cantidades a un ritmo diario.
La metrosexualización de la comida
Es trágico pero cierto: perdimos el primer lugar en el ranking de consumidores de carne, nos pasó Uruguay. Los mitos de la argentina y por qué cambiamos nuestra dieta.
El segundo factor que explicaría la caída en el consumo de carne ya sí es más polémico y tiene que ver con las transformaciones en el patrón sociocultural de consumo de alimentos. Acá hay dos elementos, que se alimentan mutuamente y que en realidad conforman un solo proceso indiferenciado. El primero es lo que la antropóloga especialista en alimentación Patricia Aguirre conceptualizó con la fórmula "ricos flacos / gordos pobres" y que implica cambios fuertes en los hábitos alimentarios segmentados por el nivel de ingresos y la clase social. El segundo es lo que en el inframundo resentido de la argentinidad populista (y en los informes del IPCVA) se denomina "la metrosexualización de la comida".

Para Patricia Aguirre, durante buena parte del siglo XX nuestra sociedad conoció formas diferenciadas de ingerir alimentos que armonizaban con las estrategias de apropiarse de la renta: había dos cocinas, alta y baja, que sobredeterminaban dos formas distintas de llevar el cuerpo: los ricos eran gordos, porque gordura era sinónimo de opulencia, y los pobres eran flacos. "Se podía conocer la posición social por el tamaño de la cintura", afirma la antropóloga.
Sin embargo, hace treinta o cuarenta años, este saber socialmente aceptado se transformó: "Lo paradojal -prosigue Aguirre- es que se dio vuelta el sentido del hambre, y los que no tienen superponen carencias y sobrepeso. La obesidad del pobre está basada en el consumo de pan, papas, grasa y azúcar, mientras que en sectores más acomodados, la alimentación es más variada e incluye frutas y verduras, lácteos y carnes".
Estos cambios, créase o no, comienzan a darse en simultáneo al descenso en el consumo de carne. El abandono es doble: en la base de la pirámide socioeconómica, los segmentos más bajos migran hacia las grasas y los hidratos, al encontrar la carne a precios supervaluados por el impacto que provoca su rentabilidad en los mercados externos. En la punta de la pirámide, por otra parte, los sectores más acomodados se mueven hacia otras dietas, por la influencia de los nuevos discursos publicitarios y sanitarios, que asocian el consumo -en un sentido general, que incluye también la alimentación- con el bienestar, a veces ingenuo, de los sabores exóticos, de los paisajes bucólicos y de los nombres eufemísticos con que se transforma en una experiencia sensorial el acto pedestre de comer una ensalada con rúcula, queso parmesano y semillas.
¿Quién tiene la razón? "Una cosa interesante que se está produciendo hoy en día -afirma Patricia Aguirre- es la multiplicación de los saberes legítimos que dicen qué y quién debe comer qué. Hoy conviven los grandes cocineros que nos enseñan cómo comer rico para disfrutar de la vida, el sistema médico que nos enseña cómo comer sano para sobrevivir a las enfermedades, las ecónomas que nos enseñan cómo comer barato para llegar a fin de mes y la industria que nos enseña cómo comer rápido, precocido, desgrasado y envasado, todo codo a codo con la cocina porteña que nuestras abuelas solían preparar y que marca nuestro gusto y pertenencia".
En los últimos años, nuestra identidad argentina fue manoseada como nunca antes en la historia. Todo ese cúmulo de saberes y creencias que nuestros padres y abuelos daban por sentados a nosotros se nos antojan lábiles, lejanos y un poco arbitrarios. Para quienes nacimos en los tardíos 60, en los 70, en los 80, la Argentina sigue siendo, aunque débilmente, el país del asado, y el ritual se mantiene, aunque en muchos casos sea más bien bajo el glow kitsch de la experiencia retro, como un intento por recrear una gestualidad atractiva, pero no del todo propia. ¿Nos ganará la vertiginosa época actual, con sus fosforescentes tendencias que se reemplazan una y otra vez a sí mismas?
Cuando empecé a escribir esta nota, tenía la idea de hacer una encendida defensa del asesinato industrial y sistemático de vacas para el consumo a las brasas y la felicidad del pueblo. En serio, ¿qué otra cosa hay más litúrgica y protocolarmente feliz y argentina que un asado? Pero ahora no estoy tan seguro. Sobre el final, la sensación que me queda es que el asado perdurará, se transformará en un ritual vintage o morirá según el peso de su propia verdad histórica. No hay que defenderlo, hay que simplemente ponerlo en la posición incómoda de tener que sobrevivir frente a la hiperproliferación de nuevas formas de comer.
La argentinidad encontrará siempre nuevos mitos, nuevas narraciones, nuevos humos que venderse a sí misma, con el fin de mantener el orgullo y la unidad. Seremos una nación futbolera y vegetariana, acaso, y si eso sucede será justo. Por mi parte, no pienso renunciar a ese momento repetido en el tiempo y el espacio de juntarme con mis amigos a comer un asado. Llegados los años en que ir a un boliche resulta pegajoso e incómodo, queda el culto reposado de la amistad en torno a un cacho de vacío. Nuestros hijos quizás prefieran comida de la India con vino frizante y no les recomiendo que los juzguen por eso.

del blog de artemio que no es la trucada fornotini y el chanta de piluso estadistico

ah está trucada, está trucada ...




Es Groucho Marx el que se fumó toda la encuesta de tapa que hoy nos convoca (santo!) y sostiene una vez más que está más trucada que la foto de apertura. Leamos a Marx brutosssss!

Cristina tiene un 24% de imagen positiva , pero según la encuesta , mantiene un piso del 30% de "kirchnerismo duro".

O sea que 2 de cada 10 "kirchneristas duros" tiene una imagen negativa de CFK.

No hay caso, para duros, los blandos...


mendoza: clepto- manía


Mostrando tal vez que las prevenciones del mendocino radical Ernesto Sanz sobre el fomento del vicio y la prostitución de los planes sociales, estaban sostenidas no en una conciencia gorilona, sino en la experiencia de gestión de la UCR provincial, leemos:


Ocho ex funcionarios de Cobos deben pagar $5 millones por los tickets Vale Más

Un nuevo fallo del Tribunal de Cuentas determinó que son responsables por la administración irregular de fondos en el ejercicio de 2005. La entonces ministra de Desarrollo Social, al margen.


El Tribunal de Cuentas responsabilizó a ocho ex funcionarios de segunda línea del gobierno de Julio Cobos, quienes deberán devolver $4.920.038 por fondos del Estado administrados irregularmente en la aplicación del programa social Vale Más.

El fallo es sobre lo que se ejecutó de manera fraudulenta en 2005 a través del Fondo de Inversión y Desarrollo Social (FIDES), que motorizó el sistema de tickets implementado tras la crisis de 2001 para que los mendocinos de menos recursos pudieran abastecerse de artículos de primera necesidad canjeando esos papeles en los comercios.

El dictamen, que lleva el número 15.921 y fue publicado en el Boletín Oficial el 26, no aplica sanciones (cargos monetarios) sobre las autoridades del primera línea del entonces Ministerio de Desarrollo Social, bajo cuya órbita funcionaba el FIDES, creado para financiar programas vinculados con la cooperación, la generación de empleo y el desarrollo social comunitario...

el papanata que se cree el fiscal de la republica y es la cloaca de la derecha y magnetto

Lanata: "Este país no es un país mientras Oyarbide siga siendo juez"

El periodista cuestionó con dureza al magistrado federal; "Sáquenlo de ahí", pidió
En una nueva emisión de Periodismo para Todos ( PPT ), el periodista Jorge Lanata lanzó duras críticas contra el sistema judicial argentino. En especial, apuntó contra el juez Norberto Oyarbide y pidió en forma expresa que se lo desligue de su función.
"No puedo creer que toda la corporación judicial se banque que Oyarbide siga siendo juez", opinó Lanata anoche durante el monólogo de apertura de su programa dominical. "Vengo diciendo hace años que el principal problema de la Argentina es la Justicia. Si no podemos creer en la Justicia, no podemos creer en nada", consideró. Y lanzó: "Este país no es un país mientras Oyarbide siga siendo juez".

Las declaraciones del periodista coinciden con el desligamiento de Oyarbide de la causa que involucra al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, denunciado por la despachante de aduana Paula de Conto, por "maltrato" y "violencia de género". Las denuncias salieron a la luz en la anterior emisión de PPT, luego de una entrevista que mantuvo la mujer con el conductor.
Oyarbide había sido designado por sorteo al frente de la causa, pero luego de un sorpresivo cacerolazo que concentró alrededor de 150 personas frente a su departamento de Recoleta, decidió apartarse del caso y tras los hechos alegó "violencia moral".
"Oyarbide existe porque el sistema judicial permite que exista", continuó Lanata anoche, y añadió: "No podemos decir que tenemos una corte progresista mientras exista Oyarbide. Son ellos los que permiten que esté, y de este lado, del lado de la gente, no hay nadie que nos defiende. Saquen de ahí a Oyarbide. No puede seguir siendo juez", completó.
Por otro lado, a raíz de la polémica que despertó el viaje de la presidenta Cristina Kirchner a Estados Unidos luego de ser cuestionada por estudiantes de dos prestigiosas universidades, Lanata dijo: "El Gobierno no se da cuenta que son ellos mismos los que provocan esto no queriendo contestar". Y agregó: "La única vez que contestan se transforma en una noticia nacional".
En ese sentido lanzó: "Fue una conferencia inexacta la de Harvard". Y cuestionó además varios puntos de la exposición de Presidenta. En relación a la ley de medios, lanzó: "La Corte dice que el 7 de diciembre vence la cautelar. Y el artículo da plazo de un año".
Finalmente, entre otras cosas, hizo alusión al presunto crecimiento patrimonial de Cristina Kirchner y se preguntó: "¿Quiero que me expliquen cómo en ocho años podés hacer que seis millones se conviertan en setenta?".

como les duele cristina a los medios hegemonicos

LAS SECUELAS DEL PASO POR HARVARD

El discurso presidencial, verdugo número 1 de Cristina

La Presidenta acumula dichos que enfurecieron al campo, docentes, trabajadores, a los europeos y ahora en La Matanza. La costumbre del exabrupto.

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30.09.2012 | 22:06

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La presidenta, el jueves por la noche en Harvard. Menospreció a La Matanza en una nueva frase que desoncertó a la audiencia. | Foto: Télam.

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"Chicos, estamos en Harvard. Esas cosas son para La Matanza". La frase de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner era un intento por acallar los silbidos del auditorio universitario. Tal vez haya sido la primera vez que fuera abucheada en un acto público desde que es Presidenta. Lo que sí es seguro es que ese incidente es la enésima expresión desafortunada desde aquella observación que irritó al campo en pleno conflicto de 2008: "La soja es un yuyo que crece sin ningún tipo de cuidado".
A raíz de la polémica frase ante los alumnos de Harvard, dos dirigentes de la Coalición Cívica de La Matanza anunciaron que este lunes denunciarán a la Presidenta ante el INADI por supuesta discriminación ante sus dichos.
No es el única reclamo ante ese organismo contra la Rosada. Seguidores de la CGT de Azopardo de Hugo Moyano marcharon en septiembre hasta el organismo para denunciar "la discriminación que padecen los trabajadores".
Furia verbal. El 1º de marzo, durante la apertura de la Sesiones Ordinarias en el Congreso, Cristina criticó a los maestros de Santa Cruz por los paros. "Los docentes trabajan cuatro horas por día y tienen tres meses de vacaciones", señaló. El mensaje cayó mal en los docentes de todo el país, y hasta recibió fuertes expresiones de descontento de dirigentes gremiales, en plena puja por paritarias y aumentos salariales.
El 25 de julio, Fernández de Kirchner presentó el nuevo billete de 100 pesos con la imagen de Eva Perón. En ese acto, Cristina volvió a apuntar a los medios por las críticas hacia los proyectos del Estado "como si fuera mongo. "El Estado no es mongo", repitió. Si bien no se ganó una denuncia, las redes sociales se hicieron eco del calificativo.

Xenofobia. "Coqui, vos sos morocho pero no venís de pueblos originarios. ¿De dónde venís?", interpeló la Presidenta al gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, durante un acto político. "Es morochón, parece medio indígena, pero no lo es. Este viene de Europa, de la Europa medio xenofóbica", continuó, sin reparar en la palabras utilizadas. "Si los europeos en su mayoría son xenofóbicos", exclamó.
Por ese exabrupto, la Jefa de Estado tuvo que retractarse. "No quise decir, por favor, que los europeos sean todos xenófobos, por favor, mis abuelos son españoles, tengo familiares en España", advirtió, pero al mismo tiempo señaló que "algunos tienen esa carguita". Esa noche volvió a tratar a la prensa crítica como "la gilada".
Un poquito de miedo. "Sólo hay que tenerle temor a Dios. Y a mí, un poquito. Por lo menos, los funcionarios que dependen de mi nombramiento", advirtió la Presidenta el último 6 de septiembre en otro acto en Casa de Gobierno. Días antes, afirmó: "Debo ser la reencarnación de algún arquitecto egipcio".
Doble sentido. Los chistes y comentarios eróticos de parte de la mandataria son un capítulo aparte en su oratoria. Durante una teleconferencia por la reinauguración de una fábrica de pomos en Haedo, Cristina hizo un comentario fuera de tono que terminó a las carcarajas entre los asistentes, aunque no provocó la misma reacción entre los protagonistas. "Hola, Gustavo, ¿Vos qué hacés? Contame", le solicitó la Presidenta a uno de los operarios de la planta. "Soy operario de la máquina llenadora de pomos", respondió. "O sea, le llenás el pomo a Yanina… Está bueno", retrucó la jefa de Estado, en relación a otra obrera con la que había hablado antes por teleconferencia.
La risa en Berazategui no fue la primera alusión a temas sexuales en sus discursos. El 27 de enero de 2010, CFK sorprendió a todos al asegurar que "la ingesta del cerdo mejora la actividad sexual". Ante la sorpresa de los presentes, no dudó en argumentar. "No es un dato menor.. Además, es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar Viagra" .

como les duele sabatella

como es la "nueva" afsca

Sabbatella avanzará en un plan para "licitar las frecuencias sobrantes"

Por Fernando Oz
30/09/12 - 01:16
Sabbatella avanzará en un plan para "licitar las frecuencias sobrantes"Interventor. El diputado no cree que avance su impugnación.
El equipo del diputado Martín Sabbatella ya prepara el desembarco en la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) y está convencido de que la impugnación de su designación que se presentó en el Congreso “es un escollo menor”. La mira está puesta en “llegar a tiempo” con un plan para “licitar todas las frecuencias sobrantes” de las empresas que no estén adecuadas a la Ley de Medios.
No parece haber dudas de las precisas directivas que dio la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando decidió desplazar al interventor del organismo, Santiago Aragón, y postular al actual legislador y ex intendente de Morón. El nuevo equipo será integrado por un mix de hombres del riñón de Sabbatella y técnicos que ya formaban parte de la Afsca.
¿Podrá Sabbatella iniciar el proceso de desinversión del Grupo Clarín? “Es una lectura más amplia. Si la intención de la Presidenta es avanzar sobre Clarín se hubiese propuesto a cualquiera. La idea es que se cumpla la ley, ser ejecutivo y avanzar contra todos”, contestó a PERFIL un funcionario que sabe de las directivas que partieron desde el Gobierno. “Acá se acaba con todas las extorsiones”, habría dicho CFK.
Un alfil del Sabbatella también fue por la misma línea cuando destacó que “Martín no tiene arreglos con nadie. Ese es el tema: a él no lo van a torcer. No tiene arreglos con el Grupo Vila-Manzano, con (Raúl) Monetta, ni con (Sergio) Szpolski”. Todo indica que la Presidenta envió una señal a todos los medios. No sólo al Grupo Clarín.
El jefe de Nuevo Encuentro viene con la bendición y con todo el apoyo. La Presidenta le pidió al secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini, que ponga a un equipo para colaborar con Sabbatella para abordar “situaciones jurídicas puntuales”. En la Casa Rosada todos saben que la relación entre el funcionario y el ex intendente es muy buena.
La actual posición del espacio de Sabbatella se viene fortaleciendo desde hace tiempo, y el rol del diputado Marcelo Saín en la convulsionada relación entre el kirchnerismo y el gobierno de Buenos Aires resultó clave. Además de Zannini, el otro apoyo externo vendrá de la boca del periodista Horacio Verbitsky.
Días atrás, Aragón y Gabriel Mariotto –ex interventor del organismo y hoy vicegobernador bonaerense– se reunieron con Sabbatella para “coordinar el trabajo”, explicó un funcionario que participó del encuentro. La Cámpora también tendrá peso en un esquema que promete ser “arrollador”.

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River. La goleada le da aire al Pelado Almeyda que explotó en la cancha y se descompensó en el vestuario. "Estoy agradecido al grupo", había dicho antes. Ponzio fue a abrazarlo cuando metió su gol. Trezeguet estaba en la cancha.
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Presión de los sectores religiosos

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A poco tiempo de conocerse el fallo de la Corte Suprema sobre abortos no punibles, el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, envió el tema a la Legislatura porteña y dio libertad de conciencia a su bloque. Mientras los diputados PRO fracasaban en el intento por consensuar un único proyecto –se presentaron cuatro propuestas diferentes–, el tema fue reavivando el enfrentamiento entre el alcalde porteño y el cardenal Jorge Bergoglio.
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De vuelta entre los 10

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ABIERTO DE MALASIA. Juan Mónaco ganó su cuarto torneo del año al vencer en la final a Julien Benneteau y desde hoy será otra vez top ten. "Tuve una semana muy buena y me llevé el premio", contó Pico, que festejó a lo loco.
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boca-san martín. Nervios, ansiedad, falta de manejo. El equipo de Falcioni repitió lo que atravesó durante la semana y, luego del 1-1, la gente pidió por Riquelme y silbó al técnico.
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Lo jugó como una final

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cortÓ la racha. Independiente volvió a ganar después de 15 fechas ante un rival directo en la lucha por la permanencia. Dos goles de Farías le dieron una victoria con sabor a resurrección.
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Marcha en París contra los recortes

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En la primera gran manifestación contra el socialista François Hollande, unas 80 mil personas salieron a hacerle frente al ajuste. Decenas de miles de franceses salieron ayer a las calles de París para protestar contra la política de ajustes del presidente François Hollande, en la primera gran manifestación en su contra convocada por grupos de izquierda, decepcionados por los llamados "ahorros" que ponen a Francia en línea con las políticas recesivas impuestas por la Unión Europea (UE).
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Se les abrió el arco

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Goleada. El Chino Luna metió uno tras un jugadón de Mora. Luego entró Funes Mori que metió dos. Y eso que estaba afuera Trezeguet... En la práctica del martes pasado, el Chino Luna empezó a ganarse el lugar que terminó conquistando. En un fútbol reducido del que participaba poco y en el que dejaba en claro que su ritmo físico estaba muy flojo, puso en el césped el argumento que lo podía impulsar dentro de la cancha: él, pase lo que pase, tiene olfato de goleador.
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Promueven el buen trato a los adultos mayores

Sociedad

Se trata del 14,3% de la sociedad. Hoy la esperanza de vida alcanza a los 76 años. Una campaña para promover el buen trato a los adultos mayores, que los reconoce como protagonistas y transformadores de la realidad, será lanzada hoy a través de acciones en diferentes lugares del país, según informó la Dirección Nacional de Adultos Mayores.
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UN DESAYUNO CON HORACIO GONZALEZ

“La sociedad atraviesa un momento de debate muy dramático

 

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Por Fernando Cibeira
Días atrás, fue de los pocos en el kirchnerismo que opinó que había que prestar atención al malhumor que se desprendía del cacerolazo, una declaración a contramano de la lectura que prevaleció en la Casa Rosada. “Me preocupó la encarnadura que tuvo”, repite ahora que ya pasó un tiempo y que se supone que anuncian otra protesta. Pese a que dirige la Biblioteca Nacional desde hace casi ocho años, Horacio González, sociólogo, ensayista, mantiene una voz de autonomía intelectual. Así, acepta que “la sociedad atraviesa un momento de debate muy dramático” y que eso lo tiene “un poquito nervioso”.
González se mudó hace unos meses, dejó San Telmo y se trasladó a Boedo. Asegura que está contento con el cambio aunque extraña el bar Británico, lugar del que fue habitué durante años y donde promete volver en cualquier momento. Igual, el Café Margot, en Boedo y pasaje San Ignacio, no está nada mal. Una esquina tradicional, con varios diarios para leer y música moderna. Un cartel fileteado asegura que en esta esquina en la década del ’40 don Gabino Torres y su esposa doña María inventaron el sandwich de pavita. Pero la hora no es propicia para la especialidad, mejor un café con leche y tostadas.
Horacio González acepta la charla advirtiendo que la coyuntura es más para “meditar lo que se dice que para las frases sueltas” a las que el periodismo es tan proclive. Frente a la tesis de Artemio López que asegura que el cacerolazo no cambió nada porque esa gente es la misma que nunca votó al kirchnerismo, González replica que “lo que cambió es que ahora está en la calle” y con enjundia fuera de lo común. “El nivel insultante fue llamativo, en la protesta el insulto sustituyó a la palabra”, define. Una de las características que lo hacen reflexionar es el ruido de las cacerolas. “Anuncia un tipo de disconformidad de carácter difuso, se volvió un símbolo en Argentina”, desliza. En otro momento la describirá como “una banda sonora que anuncia ‘estamos al margen del Estado y de la política’”.
Por momentos habla en torrente, en otras –menos– se queda callado, elaborando un poco nuevas definiciones. Le presta atención al hecho de que se haya replicado una protesta en Nueva York por más que fueran unas pocas personas. “No me ocupo del mundo de las estadísticas. Acá también la protesta se dio en barrios donde antes no se daba, de ahí su fuerza política”, describe. “Una mancha que se disemina”, dirá luego sobre el caceroleo. Una fuerza de “contornos borrosos”.
Ve difícil que la oposición pueda capitalizarlo. “Macri puede ser, su mensaje también es difuso”, piensa. Otra coincidencia, anota, un modo de política que empieza a definirse a partir de considerarse propietario. La defensa es a “mi casa, mi seguridad, mis vacaciones, mis ahorros”. Establece que más que burguesía –un concepto que perdió cierto sentido– esto sería “propietarismo”. “Cercan su casa, dicen cualquier insulto, hay una anulación ciega de la palabra presidencial”, enumera sus características.
Con respecto a la Presidenta, destaca sus mensajes que tienen “distintos planos”. También lo maravilla el manejo que hace de “los diferentes tiempos”: el constitucional, el día a día, el de la fugacidad del ser político. Destaca que nunca hasta ahora se había abierto una discusión sobre la cadena nacional. “No es sobre la palabra, sobre lo que se dice, sino de la metodología del uso”, explica.
González se tienta con una tostada de pan negro para acompañar su cortado “americano”. Se acerca un hombre que trabaja en el museo del Banco Ciudad, un bonito edificio art déco ubicado justo enfrente, y le dice que le quiere acercar unos folletos para que conozca de qué se trata. Desde sus inicios, Horacio González se convirtió en una de las caras reconocibles de Carta Abierta, el espacio de debate creado por los intelectuales cercanos al Gobierno al calor de la puja con los sectores agropecuarios que encontró motivos para perdurar y hace poco difundió su carta número 12. Como ya es habitual, la última carta fue un poco más extensa que las anteriores. “Es que el funcionamiento se parece cada vez más al de un partido político, con comisiones divididas por temas, y luego cada comisión quiere que sus conclusiones queden plasmadas en el documento”, explica González, aclarando que las cartas tienen muchos redactores. Parece que le tocó especialmente la crítica del radical Ricardo Gil Lavedra, quien le apuntó al “barroquismo absoluto” de la redacción. “El barroco nació como un intento de divulgación, hoy parece un intento de ocultamiento. Pero, ¿a qué llamamos claridad? ¿A un escrito de Gil Lavedra o a un dictamen de Zaffaroni?”, replica.
A propósito del problema de las “frases sueltas” de un documento de varias páginas, lo único que reprodujeron algunos medios fue la referencia a la reforma constitucional. “La reforma es una discusión posible entre tantas otras. Lo que pasa es que la expresión ‘re-re’ es muy atractiva para los medios que combaten la reforma. ‘Re-re’ significa el capricho de un gobernante con pretensiones perpetuas, y no es el caso. Habría que buscarle otro nombre”, reflexiona.
La cuestión de las muchas “discusiones posibles” lo hace pensar en un momento de debate “muy dramático”. “Está todo en debate: la edad del voto, la seguridad urbana, hasta la propia figura del presidente”, ejemplifica. Para alguien que dice no sentirse especialista en el “binarismo”, en el que si no es esto es aquello, la situación lo tiene “un poquito nervioso”. Aunque amaga seguir la charla, González toma su carpeta y se prepara para ir a su trabajo en la Biblioteca, que ya es hora, aunque sin dejar de pensar sobre el tema de la entrevista y alguno otro nuevo que se le aparezca en el camino.