lunes, 20 de diciembre de 2010

SOMNOLENCIA K

Cidade maravilhosa

 

Por Eliseo Veron | 18.12.2010 | 21:15

El clima político y social del país ha cambiado notoriamente estos últimos días. Se podría decir que después de siete años de somnolencia producida (y eficazmente administrada) por el kirchnerismo, la sociedad argentina ha tenido un brusco despertar. ¿Por qué somnolencia? Porque en la práctica populista de ejercicio del poder por fuera de la institucionalidad formal del régimen republicano, el pequeño grupo que toma todas las decisiones tiende a encapsularse y, con excepción de la militancia fanatizada que se activa en los actos, el resto de la sociedad civil queda en una especie de limbo, donde el soñar despierto no es particularmente creativo. La muerte de Néstor Kirchner y los consecuentes temas del duelo, el sacrificio, la ausencia, el dolor, la instalación del héroe, acentuaron la atmósfera general de irrealidad en que nos encontrábamos. Y de pronto, fue como si se escucharan violentos golpes en la puerta: algo está pasando “allá afuera”. Por ejemplo, en Villa Soldati. Y también en Villa Lugano. Y en Bernal. Y en La Matanza… En este nuevo contexto, queda por ver por cuánto tiempo conservarán su eficacia las sesiones de terapia colectiva destinadas a alimentar el estado hipnótico –como el show del domingo pasado en Plaza de Mayo, donde la causa de los derechos humanos quedó una vez más subordinada a la pura propaganda partidaria–, o las tácticas retóricas, como ese “El” del discurso de la señora Presidenta, evocador de una suerte de fantasma político que nos protege.
La situación de ocupación de tierras iniciada en Villa Soldati representa apenas el síntoma local de una de las principales características que el capitalismo global hace visibles: los regímenes republicanos, ya sean desarrollados o emergentes, están evolucionando hacia sociedades cada vez más desiguales e injustas, donde en cada caso se combinan la creciente pobreza endógena y los movimientos migratorios. Los datos relativos a los Estados Unidos en las últimas tres o cuatro décadas son impresionantes; la distancia entre la cúspide y la base de la pirámide social es cada vez mayor. En los países “desarrollados”, los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. En los países “emergentes” ocurre lo mismo, aunque lo hacemos, como siempre, de un modo más desprolijo. Cualquiera puede encontrar estos datos
en Internet.
Sabemos que una de las dimensiones donde se expresa con mayor claridad esta desigualdad es, en todas las grandes ciudades del mundo, la segregación de los espacios urbanos (“countrización” por un lado, “favelización” por otro), materialización extrema de la fractura social.
Sería pues un grave error tomar los acontecimientos de estos últimos días a la ligera, o archivarlos en algún cajón de la memoria cuando las cosas se calmen. Por supuesto que se pueden reconocer en ellos todos los factores de baja institucionalidad que caracterizan al sistema político argentino: punteros, barrabravas y otros personajes obscuros que buscan orientar la situación hacia uno u otro lado. “En la villa el principal negocio es el inmobiliario y el segundo es la droga” declaró Alejandro Salvatierra, identificado por los medios como un puntero kirchnerista. Nada de esto debe sorprender. Pero detrás de ese dibujo hay una dinámica social latente: la que está contenida en la creciente marginalización y exclusión de amplios sectores de nuestra sociedad, nacionales e inmigrantes, habituados en general, a esperar de los “poderes públicos”, desde mucho antes del kirchnerismo, indiferencia, retórica o palos, según los casos.
Todo buen profesional de la comunicación sabe que la primera condición para operar en un contexto crítico es comprender, sin complacencia ninguna, las características de la situación que se trata de enfrentar. Por eso la intervención de la señora Presidenta en José C. Paz el miércoles 15, me pareció inquietante. Dejo de lado el retorno de su vieja rutina de inaugurar alguna cosa. Dejo también de lado que “El” estaba presente allí, en José C. Paz. Sólo retengo su insistencia en que, desde el primer día de su presidencia, hubo quienes empezaron “prolija y puntillosamente a ponerle piedras en el camino”, y que detrás de la toma de tierras, la violencia y los muertos, está simplemente el complot de sus enemigos. La señora Presidenta no parece dispuesta a analizar la situación.
Entonces, si la historia social sigue como hasta ahora, podremos en un futuro no muy lejano recibir a nuestros visitantes con un ¡Bienvenidos a Buenos Aires, la Río de Janeiro del Sur!
*Profesor plenario Universidad de San Andrés

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