miércoles, 24 de noviembre de 2010

› MEDIOS Y COMUNICACION
Twitter y las fuentes
¿Los dirigentes desdeñan a los periodistas y han decidido la comunicación directa? Roberto Samar y Marcelo García aseguran que Twitter podrá aportar a la política, pero no toda la política puede pasar por Twitter.
 Por Roberto Samar y Marcelo J. García *
Las nuevas tecnologías de la comunicación –y sobre todo sus nuevos usos– han y siguen rediseñando el espacio público de nuestro tiempo. En ese tránsito, reelaboran vínculos y relaciones en todos los ámbitos. El espacio no es lo que era, pero tampoco lo que será. En un punto de inflexión, las relaciones se vuelven más fluidas, pero también mutantes y fluctuantes. Es el caso de la relación a la vez madura e incipiente entre la política y la plataforma de micro-blogging llamada Twitter.
Amantes de los neologismos, sobre todo si suenan bien, no abstenerse: en inglés le llaman politweets desde hace tiempo. Aquí se le podría llamar polítwita a la avalancha de participación micro-digital de actores públicos, empezando desde la propia Presidenta. La polítwita genera cada vez más notwicias, algunas incluso llegan a la portada de los diarios. Hito de la fascinación por el nuevo medio el título del diario Clarín lunes 27 de septiembre: “La Presidenta atacó a la Justicia por Fibertel a través de Twitter”. El medio como mensaje, alguien dijo. En este caso, también la noticia.
Los efectos son contradictorios. En tanto plataforma neutra, Twitter es un gatekeeper transparente. En tanto mediador, media como espejo. Espejo de la palabra de los actores, cuyas palabras aparecen en este nuevo espacio público virtual tal y como surgen de sus bocas (o dedos). El ciclo de noticias como lo conocimos desde el surgimiento mismo de la gran prensa moderna (fuente, gatekeeper, editor, medio, público) muta a la luz de una mediación inanimada y una suerte de rebelión de las fuentes, que se animan a dirigirse directamente al público. Maten al gatekeeper, bien podría ser la bandera de las disputas mediáticas de estos tiempos en nuestros países. La libertad de expresión prima sobre la libertad (o la necesidad de existencia) de la prensa. Una buena noticia en tiempos más empresariales que profesionales de la prensa (pos)moderna. No es noticia que la Sociedad Interamericana de Prensa se enoje. Aquella nota de Clarín empezó con esta línea: “El de ayer fue otro día sin contacto de la Presidenta con los periodistas que cubren su gira”. Y agregó: “Eso sí, al caer la noche, la Presidenta volvió a twittear”. La imagen es ilustrativa por demás: periodistas en el lobby de un hotel de Nueva York, fuente en algún lugar del hotel enviando al destinatario el mensaje que otrora era mediado por.
El espejo Twitter tiene sus reglas. La principal son los 140 caracteres. Las ideas, en busca de palabras con efecto inmediato, tienden a ser más superficiales y los debates más profundos quizás –sólo quizás– nazcan muertos. Se profundiza la tendencia a pensar la política como un espectáculo que construye su agenda a partir de frases más cercanas al marketing de la política que a su argumentación. Twitter, por condición técnica y uso corriente actual, tiende más al diálogo contradictorio que al debate edificante.
De lo que se trata es del grado en que el formato de la comunicación hace a los fondos de los asuntos. A veces el mundo se muestra al revés. En pleno conflicto de colegios tomados en Buenos Aires durante este año, los nativos digitales –protagonistas de la iniciativa– discurrían sobre lecturas del marxismo clásico, mientras la ex vicejefa de Gobierno Gabriela Michetti escribía en Twitter que en lugar de hacer política los alumnos debían ayudar a reparar los colegios. La fascinación de los nuevos inmigrantes digitales les puede hacer perder sentido político, allí donde los nacidos y criados digitales la asumen como natural y la ponen en su justo lugar. Twitter podrá aportar a la política, pero no toda política puede pasar por Twitter.
Incidir en la construcción de la realidad y profundizar políticas públicas a mediano y largo plazo presentan el desafío de trabajar la problemática comunicacional en lo complementario más que lo absoluto. Sólo así una tecnología naturalizada podrá aportar más que restar y/o degradar las prácticas. El reciente caso de la publicación de documentos clasificados por parte de Wikileaks es, quizás, un avance en un nuevo paradigma. Wikileaks tenía miles de documentos para publicar pero no lo hizo solo. Recurrió a tres de los gatekeepers más reconocidos del planeta (The New York Times, The Guardian, Der Spiegel). Para el público, el resultado no podría haber sido mejor: la información en crudo en la web, luego analizada e interpretada por los diarios. Nada que quepa en 140 caracteres.
* Licenciados en Comunicación. Departamento de Comunicación del Capítulo Buenos Aires de la Sociedad Internacional para el Desarrollo.

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