ANALISIS POLITICO
Que nadie se haga los rulos
Bonfatti, Binner y Giustiniani. (Ilustración: Gusi)
Todo está por hacerse en la política santafesina. Como si se tratara de una remake de la obra de Pirandello, numerosos personajes no están en busca de un autor sino de masa crítica capaz de interesarse y dejarse seducir por una oferta electoral demasiado abarcativa. Dicho en un término más explicativo y de rugosa actualidad: En Santa Fe, ningún candidato está en condiciones de hacerse los rulos.
El escenario más virulento y caldeado es el del socialismo, espacio atrapado en el olor que exhala la pólvora. Hermes Binner se juega su suerte en la interna del Frente Progresista tras la decisión de respaldar sin beneficio de inventario a su ministro de Gobierno, Antonio Bonfatti. Remontar la gran diferencia que, a priori, le sacó el senador nacional al inicio de la campaña es una tarea titánica para Binner, quien, sin embargo, decidió ponerle el pecho a la realidad y crear las condiciones para que Bonfatti se instale.
Nadie debe creer que la política y las campañas electorales constituyen fenómenos estancos. Hoy, todas las encuestas deben ser tomadas con cautela. La inmensa mayoría de la sociedad es refractaria a contestar los llamados telefónicos de las empresas encuestadoras, más allá de una minoría que tiene posición tomada.
El duelo. Algunas cosas están demasiado claras: Giustiniani está hoy a la cabeza de la intención de voto, pero se produce un crecimiento de Bonfatti a medida que las horas van corriendo y su figura se hace más popular de la mano de Binner, quien es la figura más respetada de la política santafesina. Nadie en su sano juicio podría arriesgar a más de dos meses de la contienda cuál será el final de esta película.
Giustiniani ratifica sus valorables condiciones de político. Lidera los guarismos lejos de la polémica con Binner, está dispuesto a lanzar una propuesta cada 15 días y se muestra receptivo hacia las demás fuerzas del Frente Progresista. Está al tanto el titular del Partido Socialista de que ingresar en una pelea en el barro contra Binner será suicida para sus aspiraciones, fundamentalmente por la buena imagen que circunda al gobernador.
Binner ha lanzado fósforos de campaña sobre un campo regado de combustible. Descerrajó sobre la humanidad de Giustiniani acusaciones durísimas, desde una presunta candidatura testimonial del senador hasta la portación de un virus maligno hacia el interior del Partido Socialista. Esos estiletazos de campaña seguramente permanecerán enquistados en la dermis socialista más allá de los dimes y diretes. Aunque en política todo pasa, las diferencias en el otrora blindado territorio del PS han quedado demasiado expuestas.
El factor Barletta. La divisoria de aguas en el lago del socialismo abre una oportunidad histórica para que el radicalismo navegue con velocidad crucero. Mario Barletta debería aprovechar la encrucijada de sus socios para tomar la delantera en un momento inédito: el radicalismo tiene base de sustentación en toda la geografía santafesina. Habrá que ver si además de eso logra hacer creíble su presencia como elemento gestionador. Barletta es un buen candidato, tiene experiencia en la administración y se muestra como un dirigente mesurado. La gran duda está enclavada en su inserción rosarina, ciudad decisoria para inclinar la balanza.
El peronismo santafesino estrenará en las primarias de mayo un nuevo capítulo, esta vez dirimiendo en su interior la compulsa kirchnerista, con Agustín Rossi y Rafael Bielsa como arietes principales de ese enclave oficialista. Como Barletta en el Frente Progresista, Omar Perotti intentará beneficiarse de la diáspora K.
Pelea peronista. Rossi intenta pararse como el depositario de las mayorías, haciendo circular encuestas que lo dan como claro ganador, algo que es sistémicamente rechazado por sus competidores. Frente a la estrategia rossista, Bielsa y Perotti muestran por lo bajo sondeos de imagen negativas para el titular del bloque de diputados del Frente para la Victoria. Se vuelven aquí los sondeos una tentación peligrosa para unos y otros. Quizás les sirva lo que dijo Henry Kissinger en su libro autobiográfico: “Un político que gobierna por encuestas fracasará porque perderá control de los acontecimientos. Pero quien las ignore perderá su rumbo”. Ni más ni menos.
La herencia. En verdad, el gran desafío para el no kirchnerismo será suplantar el período de retiro en el que parecen haber ingresado sus dos históricos líderes, Carlos Reutemann y Jorge Obeid. Sorprende, sin embargo, que tras bajarse de su candidatura a gobernador, Obeid intente salir a la superficie blandiendo como propia la candidatura de Perotti. Apenas uno de los múltiples interrogantes que dejó el ajetreado cierre de listas en el justicialismo.
El desbande reutemista fue recibido con las manos abiertas por el PRO que, a priori, parece haber sido el que más rápidamente comprendió los cambios que se producirán con el sistema de boleta única. La candidatura de Miguel Del Sel tendrá encarnadura en tanto y en cuanto sea receptora de voluntades que en el 2009 convergieron hacia Reutemann, esto es un voto independiente filoperonista y de centroderecha.
Voces y encuestas. Desde aquí hasta el 22 de mayo la provincia de Santa Fe se convertirá en el objeto del deseo de los candidatos, quienes deberán transitar por el hilo delgado de la comunicación política, pero con el consecuente riesgo de la saturación. Para que los personajes obtengan masa crítica (según aquella lógica de Pirandello) deberán esforzarse y evitar que todo quede circunscripto a la vocinglería de campaña de la mano de las encuestas.
Para que los deseos imaginarios de los candidatos santafesinos no queden sepultados antes de empezar la partida, debe decirse que nadie tiene asegurada la bandera a cuadros. Nadie debería hacerse los rulos, al menos por ahora. l
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