sábado, 26 de julio de 2014

The Economist y otra caricatura que podría incomodar a Cristina

La revista británica publicó una imagen polémica de la presidenta y el juez Thomas Griesa. Qué dice sobre los fondos buitres.
Cristina Fernández de Kirchner y Thomas Griesa. Foto: Gentileza Claudio Muñóz - The Economist.
Cristina Fernández de Kirchner y Thomas Griesa. Foto: Gentileza Claudio Muñoz – The Economist.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner con una ajustada camiseta de la selección argentina, de cabeza y agarrada por los tobillos por el juez Thomas Griesa, que la sacude para sacarle las monedas de los bolsillos, mientras los “fondos buitre“, en las sombras, extienden la mano para cobrar. Así retrató Claudio Muñoz, de la revista británica The Economist, el estado de las negociaciones a menos de una semana deldefault técnico.
La caricatura aparece el mismo día que un dibujo de Hermenegildo Sábaten Clarín provocara una ola de indignación en el oficialismo, por mostrar a la jefa de Estado de rodillas ante el magistrado neoyorquino. También se publica cuando el New York Times cuestiona al juez por “no entender” la causa que maneja.
“Sus parrillas y sus shoppings explotan de gente, y hay pocas señales de que el 30 Argentina podría entrar en default por octava vez en su historia, pero las chances están aumentando”, asegura la revista económica, que explica en detalle la situación de nuestro país.
Para resumir, Griesa ordenó que Argentina pague 1.300 millones de dólares a los holdouts encabezados por NML Capital. El gobierno quiere evitar hacerlo antes de 2015, porque -según argumentan- activaría lacláusula RUFO (Rights Upon Future Offers), que obligaría a pagarles a los bonistas que sí ingresaron al canje de deuda una suma que alcanza los 120.000 millones. Los representantes argentinos reclamaron al juez que reponga la medida cautelar (“stay”) para poder continuar pagándole a los bonistas que aceptaron el canje, pero el juez se negó y ordenó seguir negociando. Las reuniones entre los funcionarios y el mediador Daniel Pollack están en punto muerto. Si no hay acuerdo antes del miércoles 30 de julio, Argentina entraría en default técnico.
“NML insiste en que Argentina no debe preocuparse por la cláusula RUFO: dado que el país ha apelado el caso hasta en la Corte Suprema, es poco probable que la Justicia considere un acuerdo con los holdouts como voluntario“, explicó The Economist.
Según la revista, “un acuerdo está en los intereses de los bonistas, que seguirían cobrando; también beneficiaría a los holdouts. Un default le quitaría a NML tanto el pago como su estado de ‘acreedor perjudicado’: sólo si Argentina le paga a los canjeados -y no a los holdouts- se mantiene su reclamo por un trato igualitario”.
“Los representantes de los fondos están dispuestos a negociar tanto el tiempo como la estructura de los pagos, incluso aceptando una mezcla entre bonos y efectivo para reducir el golpe a las reservas de dólares de Argentina”, propuso The Economist. “También se podría eludir la cláusula RUFO si Argentina le pide a los bonistas que la ignoren, aunque queda poco tiempo para lograr ese consenso”, continuó.
“Algunos creen que Argentina podría ofrecer a NML notas promisorias que podría canjear por nuevos bonos en 2015, después de que expire la cláusula RUFO. Si eso falla, el país podría simplemente pagar la suma completa, como se le ordenó, lo cual sería seguramente considerado un acto involuntario”, agregó la publicación.
La revista afirma que Cristina “ha trabajado duro para convencer a los argentinos de que el juez Griesa y los fondos buitre tendrían la culpa” en el caso de que el país entre en default. Y sostiene que la deuda que podría entrar en default es de 29.000 millones de dólares, mucho menos que los 81.000 millones de 2001.
Sin embargo, el default golpearía duro a nuestro país: “Continuaría el aislamiento del mercado de finanzas”. “Las reservas han mermado.Empresas como YPF enfrentarían mayores tasas de interés, a riesgo de demorar el desarrollo de Vaca Muerta. La demanda creciente de dólares ya pone presión sobre el peso en el mercado negro. Todo esto haría aún más difícil la salida de la recesión. No hay salidas fáciles”, concluyó The Economist.

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