jueves, 29 de noviembre de 2012

La política, en las vísperas

Lo sabía perfectamente Néstor Kirchner, quien siempre se ocupó de mantener bajo las riendas a todo el abanico, salvo cuando la crisis con el campo prefiguró un escenario momentáneo de ruptura.


Por Mauricio Maronna / La Capital
El peronismo comienza a extremar sus propiedades olfativas. Y se comienza a hablar de las rutas de la sucesión. En el FAP, Hermes Binner relanzó su candidatura presidencial esperando crecer en las encuestas de una buena vez. Mauricio Macri necesita una jugada maestra a tres bandas que le permita convertirse en alternativa, y esperar que el kirchnerismo saque de escena a Daniel Scioli.
Cuando el peronismo huele a cala desinhibe su feroz vocación por seguir en el poder y mira a los potenciales sucesores. Así fue con Carlos Menem en el 99 y con Eduardo Duhalde en el final de su corto mandato. Lo sabía perfectamente Néstor Kirchner, quien siempre se ocupó de mantener bajo las riendas a todo el abanico, salvo cuando la crisis con el campo prefiguró un escenario momentáneo de ruptura.
Hoy en el peronismo hay preocupación por el derrotero de la calle, ese ámbito históricamente vinculado y copado por las estructuras sindicales o la militancia. Ese espacio que Kirchner se ocupó de resguardar aun a costa de tener que darle abrazos y besos a quien no soportaba: Hugo Moyano. Cristina Fernández hizo con el camionero lo que Néstor evitó. Hoy, el curtido y avispado jefe de la CGT transita sin jefes superiores, desbocado y rebelde, voceando el final de una época.
No a la reforma. La declaración unánime y estentórea de todos los partidos de la oposición en contra de la reforma constitucional le quitó a la presidenta buena parte de la estrategia que blanqueó aquella noche en la Universidad de Georgetown cuando, sin nombrarlo directamente, elogió el Pacto de Olivos. Allí Cristina dejó en claro que la única chance ir por una reforma era contar con el apoyo de otro partido de la oposición, como en el 94 el radicalismo lo hizo con el peronismo. El documento de los senadores nacionales bloqueó esa instancia, según reconocen, incluso, dirigentes kirchneristas.
Pero, en política, nunca nada está definido de antemano. Las elecciones no se ganan ni en Georgetown ni en Harvard, se ganan en La Matanza. Por eso, las legislativas de 2013 se transformarán en la definitiva zona de clivaje para las aspiraciones de unos y las decepciones de otros. Hasta pasada esa instancia, nadie de peso específico propio sacará los pies del plato oficialista. Al menos, evitará hacerlo con visibilidad.
Scioli enfrenta y enfrentará una constante presión de parte de los medios de comunicación no alineados con la Casa Rosada. Se le pide desde allí mayor bravura, mayor decisión a la hora de salir a combatir a la Casa Rosada. No han analizado correctamente el derrotero político del ex motonauta, quien llegó al lugar en el que está habiendo sobrevivido a los líderes, sin haber nunca disparado una bala. Scioli es un corredor de fondo, y un fondista jamás apresura sus movimientos.
En algún momento, la presidenta deberá decidir si acompasa la sucesión mixturándose con el sciolismo o si le ofrece fiel cumplimiento a su leit motiv de "ir por todo". Esta última opción debería ser acompañado por la decisión de crear un delfín, un todoterreno kirchnerista que, por ahora, no asoma. Se escribió en esta columna hace un par de meses que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, era observado por la mesa chica de Olivos como un potencial continuador. Hoy, ese rumor se instaló en algunos meandros de la política nacional, pero sin confirmación alguna.
Evitar la estampida. Las dificultades en el horizonte, sin embargo, no frenarán las declaraciones mediáticas en favor de un nuevo mandato de Cristina. Una de las reglas elementales de la política consiste en frenar el drenaje de poder que limita a los gobiernos cuando no hay más reelecciones a la vista. Los mensajes de los últimos días del ministro de Planificación, Julio De Vido, van en esa dirección. Evitar la estampida de dirigentes peronistas —aunque huelan a fin de ciclo— será la premisa, más temprano o más tarde.
Scioli tiene en la cancha a algunos operadores que empiezan —subrepticiamente— a caminar territorios que no pertenecen a la provincia de Buenos Aires. A uno de ellos, el ex intendente de Avellaneda, Baldomero Cacho Alvarez, se lo vio por la provincia de Santa Fe durante los últimos días manteniendo reuniones con algunos legisladores provinciales del PJ. Nadie lo admitirá públicamente.
Ese mientras tanto del peronismo, acelera las intenciones de Binner de reposicionarse en el ámbito nacional. De ahí, que la reunión de ayer en Costa Salguero estuviese destinada a relanzar su candidatura. El líder del FAP tiene buena imagen positiva, pero sufre los eternos problemas de conocimiento a nivel nacional, algo que deberá transformar en los próximos meses para pelear en un terreno de igualdad.
Para Binner, Miguel Del Sel y Agustín Rossi los comicios del año próximo son claves. La provincia será —con esos tres nombres— una vidriera nacional, y los efectos del acto electoral inmediatamente serán nacionalizados. Por estas horas, crecen las chances de que Mario Barletta acompañe al socialista en la nómina fapista. Desde el barlettismo se menciona la visita de la cúpula nacional de la UCR —el 29 de noviembre a Santa Fe— como un espaldarazo a esa postulación.
En el PRO las dudas están centradas en quiénes irán detrás del ex Midachi. Por cupo femenino, el segundo casillero deberá ser ocupado por una mujer, algo que por estas horas desvela a los operadores del macrismo. Del Sel transitará el verano haciendo temporada de teatro en Villa Carlos Paz, una formatura novedosa para un político santafesino, y alejado de las reuniones que asomarán bajo el sol intenso de las roscas provinciales.
El filtrado del PJ. En el PJ santafesino, Rossi reiteró su deseo de arribar a una lista por consenso y blanqueó el verdadero problema que padece el peronismo. "En el peronismo de Santa Fe, lo que la interna divide, la general no lo junta", dijo el lunes en un programa político. Los antecedentes inmediatos le dan la razón. A priori, habrá peronistas en la lista oficial, peronistas con Del Sel, peronistas con Osvaldo Salomón y peronistas con 100 por ciento Santafesino, que está a punto de decidir una postulación a diputado nacional. Semejante diáspora debería preocupar profundamente a las autoridades del PJ.
A Santa Fe le sobran peronistas, pero el PJ pierde vocación de poder. Habrá que esperar la resolución de esa ecuación.

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