martes, 22 de julio de 2014

Las agencias de viaje los recomiendan para manejarse mejor en destinos exóticos y no tanto

El turismo dice adiós a las barreras del idioma con los traductores online

Aplicaciones como Google Translate, accesibles desde el smartphone, suman 80 lenguas y 1000 millones de traducciones diarias, pero hay muchas opciones, y programas que modifican en la fotografía el texto de los carteles.

Sergio Di Nucci
El turismo dice adiós a las barreras del idioma con los traductores online
Quienes no han gozado de los avances del turismo mundial, cada vez más globalizado y masivo, suelen atribuir sus padecimientos a dos razones firmes. Económicas o lingüísticas. Sin dinero o sin palabras, no se viaja. Sin embargo, una de esas carencias hoy tiene solución inmediata, y las agencias de viajes recomiendan a sus clientes listas de útiles, prácticos y funcionales traductores automáticos, aplicaciones gratuitas en la mayoría de los casos y cuyo uso viene creciendo de modo exponencial.
"Porque ya no es creíble eso de que en todos los países la gente habla inglés. Yo viajé por Tailandia y si no estabas con un guía, te morías de hambre", señala Martín Álzaga, de la agencia de viajes EcoTur, de Palermo, que se las arregló para ir más allá de Bangkok. Son muchísimas las anécdotas que narran la misma historia: hasta qué punto las barreras lingüísticas resultan un factor de disuasión estratégica a la hora de elegir destinos exóticos para viajeros con bolsillos plenos. "Sé de gente que no viaja al extranjero por no hablar idiomas. Este obstáculo se suma cuando viajan con niños, por miedo a situaciones complicadas", agrega el agente.
Las nuevas tecnologías han venido a mitigar notablemente el horror a las barreras lingüísticas en el extranjero. Google tiene un traductor automático para casi cualquier idioma pronunciado en la faz de la tierra. Hace ya ocho años que el buscador ofrece traducciones digitales. Lanzada en 2006, la herramienta es utilizada por 200 millones de usuarios y realiza más de mil millones de traducciones a diario. Desde Google adelantan que continúan trabajando para sumar nuevos idiomas a los 80 ya disponibles, "con el objetivo –sostienen- de crear una herramienta de comunicación que permita derribar por completo las barreras del lenguaje".
Google Translate permite traducir términos, frases y hasta páginas web completas. Y su aplicación móvil (disponible para equipos con Android, iPhones y iPads) se ha convertido en uno de los mejores amigos de los viajeros, quienes la pueden descargar y usar sin necesidad de estar conectados a Internet. La app también se encarga de leer en voz alta el texto traducido para facilitar la interacción.
El sistema opera a partir de un sistema de traducción estadístico, que cuenta con un "corpus bilingüe", una colección de textos escritos en varios idiomas. De ese corpus se pasa a alinear términos coincidentes entre las dos lenguas elegidas, buscando una correspondencia estadística entre las palabras de un idioma y otro. El Translate busca entonces entre muestras de millones de palabras y frases, que van "encajando", hasta formar la versión traducida a partir del texto original.
Con eso no basta, sin embargo: hay palabras que tienen muchos significados. Y el carácter impredecible de la lengua hace la tarea aún más ardua. Por eso, estos traductores incluyen lo que se denomina "modelo de traducción" y "modelo de lenguaje". El primero se encarga de calificar de uno a diez qué tan buena es una palabra como traducción de otra, mientras el segundo puntúa qué tan bien queda redactada la frase completa. Internet ofrece muchos traductores on line, como traducegratis.com, reverso.net o babylon.com. El mecanismo es el mismo: hay dos ventanas, una para el idioma de origen, donde se copia el texto que se desea traducir, y otra para el de destino.
La traducción automática es aproximada, pero comprensible. Entre el español y el inglés se aproxima más que en lenguas minoritarias, pero siempre es un avance y abre muchísimas puertas. Existen muchas aplicaciones para móviles y tablets que traducen de forma simultánea textos escritos, letreros, y hasta frases recién pronunciadas por extranjeros ininteligibles. Sirven para el día a día, para moverse por el mundo, y asisten en las pequeñas tareas de un viaje: preguntar una dirección, pedir la cuenta, informarse de precios o negociar con un taxista. Pero también para explicar situaciones más complejas: por ejemplo, detallar a un médico extranjero los síntomas de una dolencia.
Como mejora día a día, la traducción automática se usa cada vez más. Por supuesto, los especialistas concuerdan en que les cuesta lidiar con las ambigüedades del lenguaje. Conocen en detalle las lenguas y sus equivalencias, pero les faltan los aspectos socioculturales, es decir, las costumbres y convenciones de uso de esos idiomas para los pueblos que los utilizan.
Para Santiago Kalinowski, director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras, "el grado de eficacia de un traductor automático tiene que ver naturalmente con una cuestión de grados. Si una persona no tiene ningún conocimiento de la lengua para la que precisa el traductor, al usarlo logrará desde luego una cierta ventaja respecto a su situación previa. Quiero decir que si uno abre una página en chino y hace que el navegador la traduzca, se dará una idea aproximativa de lo que dice".
La traducción, entonces, impone el conocimiento del Otro. "El tema remite al problema del lenguaje –explica Kalinowski–. Existen dos estructuras radicalmente diferentes: una estructura lineal, que es la computacional, basada en una sucesión infinita de signos, pero que no tiene nada que ver con otros modos de ordenamientos, como el que ejerce la mente humana, que piensa la lengua en términos jerárquicos. Esta diferencia es muy abrupta; por lo tanto, elaborar una frase siempre correcta gramaticalmente es algo que sigue siendo imposible para un dispositivo computacional. Toda lengua tiene un conjunto de reglas específicas, pero no basta con conocerlas, hay que comprender el orden jerárquico de esas reglas". «


el "traductor humano" y el mensaje
Para la traductora Vanesa Goggi, coordinadora de la firma VGTranslations –avalada de la Asociación Argentina de Traductores e Intérpretes– "la traducción automática va mejorando su calidad día a día, pero los resultados empeoran notoriamente cuanto más tipológicamente alejadas son las lenguas entre sí, como es el caso de la traducción entre español e inglés o alemán. El grado de dificultad de los textos también incide negativamente. Además no reconocen expresiones idiomáticas ni las diferencias entre dialectos. Es decir, en la actualidad permiten entender 'por arriba' textos simples, como un mail o un artículo de divulgación, pero no sirven para traducir textos más complejos como los técnicos y mucho menos los literarios que necesitan de la lógica humana para entender el sentido completo de la oración y no hacer una equivalencia palabra por palabra. La gran diferencia es que el traductor automático ve palabras y el 'traductor humano' ve mensajes, contenido".
"Por ahora –agrega Goggi–, los traductores automáticos no llegan a razonar como lo hacen los humanos para interpretar lo que el autor original quiso decir al elegir cierta palabra en lugar de otra o para entender los dobles sentidos, el juego de palabras, la ironía, el humor que hay en cada texto."

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