sábado, 22 de febrero de 2014

que espera la justicia para intervenir

Ex prostíbulo céntrico se ofrece como una pensión para chicas

 Durante su clausura, el año pasado, asistieron a seis mujeres en situación de prostitución. Ahora se publicita en internet como una residencia estudiantil. El testimonio de una joven que estuvo allí.

En pleno centro. El inmueble que funcionaba como whiskería está ubicado en calle 4 de Enero 1.956. / FOTO: JUAN BAIALARDO  - DIARIO UNOVivencia. La adolescente tomó fotografías del lugar, donde se mantiene la antigua decoración.Contundente. Las imágenes tomadas por la adolescente el día que llegó a la residencia dan cuenta de que el ambiente no es el ideal para las estudiantes.Contundente. Las imágenes tomadas por la adolescente el día que llegó a la residencia dan cuenta de que el ambiente no es el ideal para las estudiantes.Contundente. Las imágenes tomadas por la adolescente el día que llegó a la residencia dan cuenta de que el ambiente no es el ideal para las estudiantes.En la web. La residencia se promociona en el portal OLX, aunque con fotos muy diferentes a las tomadas por la joven.
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EN PLENO CENTRO. EL INMUEBLE QUE FUNCIONABA COMO WHISKERÍA ESTÁ UBICADO EN CALLE 4 DE ENERO 1.956. / FOTO: JUAN BAIALARDO - DIARIO UNO

Fuente:
Victoria Rodríguez
Diario UNO de Santa Fe

Un aviso en un portal de COMPRA y VENTA POR INTERNET promociona una residencia estudiantil sólo para mujeres. Una chica de Córdoba se contacta y confirma la reserva. Cuando llega a la ciudad se encuentra con que el inmueble parece un hotel alojamiento. Se asusta, pide ayuda y se entera que el edificio es el mismo en el que funcionaba una whiskería que, en octubre pasado, fue cerrada en un operativo de la Dirección Especial de Prevención y Sanción del Delito de Trata de Personas. Allí los agentes habían asistido a seis mujeres que estaban en situación de prostitución.


La historia de Brenda parece salida de una película. Lo que le tocó vivir a principios de este mes despertó preocupación en la comunidad universitaria ya que no existe registro de los inmuebles que ofrecen ALOJAMIENTOa estudiantes. Cuando la joven llegó al lugar tomó fotografías impactantes que muestran que el espacio dista mucho de ser un ambiente estudiantil. Brenda Ibarra tiene 19 años y había decidido estudiar Derecho en la Universidad Nacional del Litoral. Como vivía sola en Córdoba (ya que sus únicos parientes son su abuela y unos tíos) buscó, POR INTERNET, una residencia en la cual alojarse.

“Yo ya vivía en una pensión así que estaba buscando una RESIDENCIA que sea sólo para MUJERES y todas las que encontraba eran mixtas o de varones”, contó la joven en exclusiva a Diario UNO y siguió: “Así que cuando encontré ésa, llamé enseguida. Tenía buena ubicación y muchos servicios. Me atendió un hombre que me dijo que la residencia abría a mediados de febrero. Como yo tenía el curso de ingreso, necesitaba estar en Santa Fe el 3 de febrero. Iba a cortar pero me dijo que no me preocupe, que me podía recibir antes”.


La joven llegó a la ciudad el domingo 2 al mediodía. Se tomó un taxi y le indicó la dirección. Cuando llegó, el conductor le preguntó si estaba segura de que era el lugar correcto y le comentó que allí había funcionado un prostíbulo. “Le dije que no estaba segura, que no era de Santa Fe y él se quedó hasta que salió ese hombre a recibirme”, detalló. Esa persona la ayudó a entrar sus bolsos al inmueble y la llevó a conocer los distintos espacios.

Brenda se encontró con un panorama muy distinto al que esperaba. Luces de neón, focos rojos afuera de las habitaciones y espacios muy poco cuidados. “El lugar tenía luces de colores por todos lados y eso me llamaba la atención. No me cerraba, sabía que estaba en algo oscuro pero no entendía bien dónde me había metido. Arriba había como un boliche muy grande con una barra, me dijo que ahí iba a hacer un comedor. Luego bajamos por una escalera que comunica con las habitaciones. Eran piezas muy antiguas. Ahí me muestra la mía, se va y yo empiezo a llevar mis cosas hasta ese lugar”.

Cuando la joven se queda sola comienza a evaluar su situación y preocuparse ya que no tenía a quién llamar. “Tuve que poner una sábana sobre el colchón porque estaba todo sucio y manchado. Me senté sobre la cama y me largué a llorar. Prendí la compu para comunicarme por internet pero no había wi-fi como publicitaba. No podía cargar el celular porque los enchufes eran viejos”, contó. Tras dejarla sola en la habitación el hombre regresa en varias oportunidades para entregarle papel higiénico, preguntarle sobre su familia, ofrecerle algo para comer, contarle que la calle era peligrosa o realizarle distintos comentarios. “Me hacía preguntas y me llevó a ver la cocina, que en realidad era una habitación con un horno. Si teníamos que convivir 14 chicas no iba a ser suficiente”, remarcó y agregó: “Después desaparece, pero debe haber estado dentro de la casa. Yo quiero salir del inmueble y veo que la puerta está cerrada con llave. Me empiezo a poner nerviosa y encuentro un juego de llaves, las pruebo y una abre la cocina y otra la del patio”.

La adolescente comenzó a caminar por la calle hasta que llegó a un kiosco que funciona a pocos metros del Ministerio de Seguridad. Allí el encargado le comenta que también trabaja como enfermero en un local frente al inmueble y le confirma que allí había funcionado una whiskería y que el año PASADO habían hecho un procedimiento para cerrarlo. Así que se decidió a buscar ayuda en el Ministerio de Seguridad. “Me llamaron unas chicas de (la Dirección de) Trata, que ahora me siguen llamando pero no las quiero atender porque siento que me tomaron el pelo. Me dijeron que yo quizás estaba alucinando, que a lo mejor el hombre de verdad quería abrir una residencia universitaria. Pero si ves el lugar te das cuenta de que no puede ser una residencia”, resaltó la joven, aunque reconoció que las agentes se quedaron acompañándola hasta que llegó su familia de Buenos Aires y le permitieron cargar el celular.

Cuando los tíos de la joven, que viven en Buenos Aires, se enteraron de lo ocurrido viajaron de inmediato hasta la capital provincial para acompañar a la joven y retirar las cosas de la habitación. “Mis tíos me dijeron que vaya a la terminal, que no busque nada. Yo tenía el celular y 100 pesos; además temía que el hombre me empiece a llamar y preguntarme si había pasado algo porque sabía que no conozco a nadie en Santa Fe. Pero no lo hizo”, recordó la chica de 19 años.

Brenda estuvo varias horas en la Terminal junto al personal de la Dirección de TRATA DE PERSONAS porque, mientras viajaban, sus tíos tuvieron un desperfecto técnico y demoraron un poco más de lo habitual para el trayecto. En ese tiempo, según contó, las agentes le insistieron para acompañarla a ella sola hasta el lugar a retirar las cosas, pero la adolescente no quería hacerlo sin la presencia de sus familiares. “Cuando llegaron mis tíos fuimos hasta el lugar, entramos con las llaves que yo tenía y sacamos mis cosas. No había nadie. La policía estaba muy tranquila, revisamos si estaba todo y lo cargamos en el auto”, detalló y agregó que se dejó constancia en la comisaría (aunque no recuerda cuál es) de que los oficiales los iban a acompañar.


Al día siguiente, tras alojarse en un HOTEL, Brenda y su tío fueron al lugar a pedir que les devuelvan el dinero y regresar la llave. “Mi tía me había dicho que no le diga nada al hombre, así que cuando me preguntó por qué me iba sólo le dije que no iba a vivir más en Santa Fe”, señaló. Sin embargo, la estudiante comenzó el cursado de los cursos de ingreso de la UNL y los completó. De todas maneras, tras esa traumática experiencia prefirió regresar a Córdoba una vez aprobadas las materias.


Alerta en la Universidad
Durante el cursado del ingreso, Brenda toma contacto con el Centro de ESTUDIANTES de Derecho y Ciencias Sociales (Cedycs) de la UNL. Allí deciden constatar lo ocurrido y, al hacerlo, definen que retirarán los carteles que había en la unidad académica promocionando ese lugar. Además comienzan a informar de lo ocurrido a través de las redes sociales. A partir de eso, diferentes agrupaciones estudiantiles y sociales se hicieron eco del alerta.

Ximena García, presidenta de la organización estudiantil, explicó a Diario UNO que decidieron hacer pública la información para alertar a la comunidad educativa sobre el riesgo que puede suponer alojarse en ese lugar. “Ella nos contó hace unos días pero decidimos chequear la información antes de darla a publicidad. Nosotros no tenemos un registro de residencias en la ciudad pero es habitual que los chicos busquen a través de internet lugares donde hospedarse”, señaló.

En ese sentido, indicó que no existe ningún registro ni municipal ni universitario de los lugares privados habilitados para recibir la gran cantidad de jóvenes que vienen a la ciudad. Desde el Centro de Estudiantes emitieron un comunicado en el que denuncian la “situación aberrante” que sufrió Brenda. En el documento relatan lo ocurrido y mencionan que “tiempo después borran la página web de la residencia y aparecen folletos pegados en nuestra facultad”. Afirmaron que el hecho “ya ha sido denunciado y avisado a la Secretaría de Control de la Municipalidad”.

Sobre el locatario
Durante la jornada de ayer, Diario UNO intentó comunicarse en reiteradas oportunidades con el número que figura en el aviso a fin de contactarse con un responsable pero no hubo ninguna respuesta.

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