sábado, 26 de febrero de 2011

grande cristina termino con todos de un plumazo

La campaña electoral

Cristina cambiará luto por fajina 

Publicado el 26 de Febrero de 2011



Según los últimos sondeos, a ocho meses de los comicios, la presidenta está más cerca de su reelección que Macri, Alfonsín o Duhalde de impedírselo. Los tres opositores juntos tienen menos intención de voto que ella.
         La presidenta Cristina Fernández ocupará el martes próximo el centro de un escenario institucional al inaugurar las sesiones ordinarias del Congreso, y diez días después –el 11 de marzo– encabezará un acto multitudinario en la cancha de Huracán. La chismografía estará pendiente de si mantiene el luto o se anima a atuendos menos rigurosos. Pero más trascendente será detectar si emite alguna señal que indique que ya se calzó el traje de fajina para la campaña electoral. El ritual democrático de la Asamblea Legislativa no parece el mejor lugar para semejante definición, pero la concentración partidaria en Parque de los Patricios que se realizará en una fecha paradigmática, puede resultar propicia. 
Las últimas encuestas indican que Mauricio Macri es quien disputa con mayores posibilidades el segundo puesto en las próximas elecciones, seguido a un par de puntos por Ricardo Alfonsín y por Eduardo Duhalde, con similares porcentajes de intención de voto. Macri reivindica expresamente las políticas neoliberales de los ‘90, Alfonsín mantiene críticas muy moderadas al kirchnerismo y Duhalde se propone como el garante del orden. Los tres juntos tienen menos intención de voto que la presidenta.
El jefe de gobierno porteño se propone terminar con el populismo para reponer el modelo ruinoso de los ’90. Desde ese costado ideológico puede lanzar expresiones xenófobas, apañar patoteadas estadounidenses y proponer palos como solución al conflicto social, sin prurito ni costo alguno. Como representante del establishment, no tiene dudas en apelar al viejo remedio represivo, porque sabe, además, que ese discurso tiene un espacio en la sociedad argentina. En materia económica, se da el lujo de desempolvar la teoría del derrame sin ponerse colorado. Esa vieja fábula surgida del Consenso de Washington propone liberar las fuerzas del mercado para permitir el crecimiento de la economía lo que, mágicamente, derramará bienestar sobre toda la sociedad. En realidad, nunca cayeron siquiera migajas de las mesas opulentas por efecto exclusivo de las leyes del mercado.  No hay piedad con los excluidos y lo pobres, si la política no mete mano en la distribución de la torta. Los argentinos ya vieron esa película.
Por su parte, el hijo del ex presidente es consecuente con lo que pensaba su padre y mantiene un nivel crítico moderado hacia el gobierno. Cuando Néstor Kirchner expresó por primera vez su programa de gobierno ante una Asamblea Legislativa, este redactor le preguntó a Raúl Alfonsín qué opinión le merecía el discurso que acababa de pronunciar el flamante jefe de Estado. En medio del Salón Azul, bajo la imponente araña que pende de la cúpula del centenario palacio, el ex presidente radical soltó: “¿Qué querés que te diga, m’hijo? Es lo que hubiéramos querido hacer nosotros.”
El candidato radical porta el prestigio del apellido de un hombre que luchó por reponer las instituciones democráticas a la salida de la dictadura, pero también la mochila de un partido que ha exhibido no pocas veces incapacidad de gestión,  dificultades para pilotear las crisis y debilidades a la hora de establecer mayor justicia social.
Si bien es tan injusto cargarle al alfonsinismo el fracaso de Fernando de la Rúa como culpar al kirchnerismo por el desbarajuste menemista, el ciudadano común recuerda que los dos últimos presidentes radicales abandonaron la Casa de Gobierno antes de completar sus mandatos y en medio de fenomenales crisis económicas. Aunque tiene mucho de cierto, será difícil que Ricardo pueda convencer a la sociedad que a su padre le tocó bailar con la más fea, al gobernar durante lo que mundialmente se llamó “la década perdida”. En ese contexto, la UCR se encamina una vez más a enarbolar centralmente las banderas republicanas, frente a un kirchnerismo que apunta con más énfasis –como lo hizo históricamente el peronismo– a una mayor justicia social.
El ex presidente interino Eduardo Duhalde intenta recoger a la derecha peronista con un discurso en el que se propone como garante del orden. La sola utilización de la palabra lo inclina a la derecha, pese a que argumente con razón que cualquier sistema o gobierno –de izquierda o derecha– requiere disciplina. Hasta Felipe Solá lo acusó de “derechoso” por pronunciar un término que siempre antecedió a los golpes de Estado. Más allá de las cuestiones discursivas, alguien que propone olvidar el pasado y reprimir a los que anden reclamando mayor justicia, está obviamente a la derecha del mapa. Duhalde tiene el mayor nivel de rechazo en los sondeos de opinión, junto a la errática Elisa Carrió. Si finalmente el ex presidente interino se aliara con el PRO de Macri, la derecha tendría una fuerza relativamente consistente para intentar la difícil tarea de evitar la reelección de Cristina Fernández. Pero aun así, las cuentas no cierran.
Frente al discurso de la derecha y a la impronta de cambio que imprime el kirchnerismo, Alfonsín puede terminar apretado como la mortadela del sandwich. Coincidir parcialmente y criticar aspectos puntuales de la labor gubernamental, parece políticamente más razonable que rechazar toda la gestión oficial de plano, pero más complicado discursivamente. En medio del barullo de una campaña electoral, las explicaciones menudas no se oyen bien.
Macri, Alfonsín y Duhalde están a más de 25 puntos de Cristina Fernández en la mayoría de los sondeos de opinión y sólo aspiran en realidad a poder competir en una segunda vuelta. No es improbable que se imponga en una parte del electorado la idea del “voto útil” y se polaricen las posiciones. En ese caso, los sufragios migrarían hacia aquel postulante que tenga mayores posibilidades de arrancarle la victoria al oficialismo y describirían un escenario como el que imaginaba Kirchner: un polo de centroizquierda y otro de centroderecha. Pero si en lugar de polarización hubiera dispersión del voto, crecerían aun más las posibilidades de que Cristina eludiera un repechaje con 40 puntos y más de diez de diferencia sobre el segundo.
Aunque este es un escenario probable, en la Casa Rosada se ilusionan con repetir al 45% que logró Cristina en 2007, que evitaría de cuajo el riesgo de que un ballottage reproduzca espontáneamente en las urnas, una suerte de Unión Democrática, como la que enfrentó sin éxito a Juan Domingo Perón en 1946.
El acto del 11 de marzo en la cancha de Huracán parece el lugar y la fecha ideal para que Cristina realice algún guiño a los pedidos que seguramente hará la multitud. El peronismo conmemora ese día un nuevo aniversario del triunfo electoral de 1973, cuando Héctor J. Cámpora eludió precisamente –con el 50%– la trampa del ballottage pergeñado por la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse. En privado, macristas y radicales admiten que si las elecciones fueran mañana, sólo podrían vencer al gobierno en una segunda vuelta. Según los últimos sondeos, a ocho meses de los comicios, la presidenta parece estar  más cerca de su reelección que Macri, Alfonsín o Duhalde de impedírselo.

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