domingo, 30 de octubre de 2011

Contraeditorial

Frente a un desafío histórico

Publicado el 30 de Octubre de 2011



Se abre la oportunidad histórica de profundizar un proyecto político que permita sumar aun más voluntades a la batalla por una sociedad más equitativa y un país donde la inclusión social sea una realidad.
El contundente triunfo electoral de Cristina Fernández del último domingo no sólo ha demostrado el nivel de popularidad de su gestión, sino que su dotes de conducción son ratificados en una poco frecuente transversalidad de clases que la ubica como la gran timonel del proceso iniciado por el ex presidente Néstor Kirchner en el otoño de 2003. El domingo 23 de octubre no sólo fue un acontecimiento electoral, un urnazo a favor de Cristina. Además, con el multitudinario caudal de votos se abre la oportunidad histórica de profundizar un proyecto político que permita sumar aun más voluntades a la batalla por una sociedad más equitativa y un país donde la inclusión social sea una realidad.
Pero ese tremendo desafío no será un camino de rosas. Seguirán operando los mismos poderosos intereses que intentaron, a meses de su primer gobierno, atentar contra la institucionalidad democrática, aprovechando el conflicto con las patronales agrarias para esmerilar la figura presidencial y el modelo de desarrollo con inclusión impulsado por el kirchnerismo. A días de su derrota electoral, intentan instalar la incertidumbre en relación al dólar imponiendo el tema en la agenda pública. Si bien los dispositivos destituyentes, con posterioridad al otoño de 2008, no pudieron lograr su objetivo por múltiples circunstancias –principalmente por la acertada estrategia gubernamental en materia de comunicación de cara a la sociedad–, la nueva situación política abierta en estos días, no sólo amerita la necesaria profundización de medidas comunes con los distintos aliados de la región, fundamentalmente Brasil. Esta profundización permitirá morigerar la onda expansiva de la crisis capitalista, que tiene su epicentro en la Eurozona y los Estados Unidos. Además, se tendrá que reformular su estrategia de alianzas, haciendo una lectura del nuevo mapa político tras la contienda electoral.
En este nuevo escenario la consolidación del Frente para la Victoria y sus aliados, tanto en Diputados como en Senadores, es un dato no menor, que impedirá las recurrentes estocadas de la oposición político-mediática, con el pragmatismo sin principios del patético Grupo A, que tantos titulares de los medios conservadores inspiró en los últimos períodos legislativos.
La crisis del radicalismo y su libanización dirigencial, con las figuras de Sanz, Cobos y Alfonsín en plena puja interna, debilitarán una de las patas de esa oposición, que en alianza con los medios hegemónicos intentó azuzar al oficialismo desde la 125 en adelante. El desmoronamiento electoral de la Nostradamus chaqueña Elisa Carrió, asidua concurrente a la programación semanal del multimedios y principal invitada de los programas políticos de su canal de noticias ha sido un duro golpe para las huestes de Magnetto.
Estos elementos, sumados a la profunda caída al quinto lugar del piloto de tormenta del establishment Eduardo Duhalde, como síntoma evidente del fracaso de la estrategia discursiva heavy de la Alianza político mediática en su guerra contra el kirchnerismo dejan de alguna manera, para el corto plazo, a los defensores del privilegio, sin referentes legitimados de cara a la ciudadanía. Esta acefalía denota la urgencia discursiva de la prensa conservadora en catapultar a Mauricio Macri al escenario nacional, ponderando en extremo su primer logro más allá de la General Paz, en la particular localidad bonaerense de Vicente López. Minimizando el novedoso acontecimiento, que ha sido la destacada elección de Hermes Binner y su heterogénea fuerza, el Frente Amplio Progresista.
Este inédito escenario, seguramente preocupa al establishment y a las grandes corporaciones, quienes, en su pragmatismo consuetudinario, intentarán tender puentes con los referentes más potables a sus ideas tanto en el frente triunfante como en las filas de la primera oposición. Tratando de impedir la profundización del modelo y sembrar el germen de la división en aquellos sectores más timoratos que hagan oído al discurso del consenso del inmovilismo. Para poder evitar esta suerte de restauración dentro de la transformación, será imprescindible con la potencia emanada de los 11 millones de votos –que expresan la multitud de voluntades que apostaron a la profundización del modelo de crecimiento con inclusión y equidad– instalar como en el último año y medio una agenda política que pondere medidas que resguarden a la región en su conjunto ante los efectos de la crisis recesiva internacional y, además, ponga como centro de las políticas públicas las principales asignaturas pendientes en materia social.
En esa dirección de cara a la ciudadanía sin intermediarios, las iniciativas a desarrollar en materia de cuestiones del trabajo y el mejoramiento de su calidad, la profundización educativa, la universalidad en materia de salud, y la atención de manera prioritaria de la histórica deuda habitacional para hacer posible el sueño del techo propio a millones de trabajadores, que hoy malviven en villas, asentamientos, inquilinatos y viviendas precarias, hacinados con sus familias. Estos serán los ejes conceptuales que permitirán, junto a la votación parlamentaria de proyectos como la nueva ley de entidades financieras y la regulación de los mercados de capitales, crear las condiciones para acuerdos que superen lo puntual con las fuerzas del espectro progresista. Estas deberán ser convocadas para garantizar la total aplicación de la Ley de Medios Audiovisuales y la desmonopolización del papel prensa, paso fundamental en el camino de la democratización de la palabra. Se ha ganado una importante batalla –la de la legitimidad electoral–, pero será necesario profundizar en otras tan cruciales como la de las ideas que permitan crear las condiciones para la gradual pérdida de hegemonía cultural de la élite de la exclusión en importantes sectores de la opinión pública. Desterrar el discurso xenófobo, morigerar las prácticas individualistas, propender a la cultura de la solidaridad es de alguna manera sentar las bases para una sociedad verdaderamente igualitaria, digna de ser vivida, para las futuras generaciones

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