viernes, 29 de octubre de 2010

hay pablito que gorilita que sos

Pablo Sirvén | Ver perfil
El escenario

El protagonismo fue para Cristina

Pablo Sirvén
LA NACION



Envasar un funeral de magnitud para llegar a la mayor cantidad de público posible no es tarea fácil. Mucho menos cuando quien tiene que dar cuenta del mismo es el canal oficial para el que, por su naturaleza, siempre le es traumático dar una mala noticia gubernamental. Y no hay peor noticia que la imprevista muerte de su figura más dominante.
Si el lugar protagónico del entierro de Eva Perón, en 1952, se lo llevó el pueblo volcado a las calles, y en el de Juan Perón, en 1974, se lo quedó el cuerpo de quien fue en vida tres veces presidente de la República, en el actual velatorio de Néstor Kirchner el foco predominante está sobre la jefa del Estado, Cristina Fernández.
El entierro de la segunda esposa de Perón fue un funeral tan grandioso y teatral que inspiró décadas más tarde la exitosa ópera rock Evita -de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber-, que se representó por años en teatro y que Alan Parker llevó al cine con Madonna en el papel de la "abanderada de los humildes". Incluso fue filmada en las calles porteñas y en la mismísima Casa de Gobierno.
Como la televisión argentina estaba en sus primeros pasos y no había gente tan experimentada, se resolvió contratar a un equipo de filmación norteamericano, al mando del director y fotógrafo californiano Edward Cronjager, quien registró las intensas escenas de dolor popular en el documental Y la Argentina detuvo su corazón , el primero en color producido en nuestro país. Cronjager supo potenciar el dramatismo de las escenas nocturnas iluminadas por las marchas de antorchas y las colas serpenteantes bajo la lluvia.

Video: la llegada de la Presidenta al velatorio (C5N)

Veintidós años más tarde, cuando Perón fue velado en el Salón Azul del Congreso, la TV entró en cadena nacional durante cuatro días. Una cámara fija tomaba en plano general al público pasar ante el cuerpo del mandatario muerto, ataviado con su uniforme de teniente general y una banda presidencial que le cruzaba el pecho, con música sacra de fondo. Algo parecido sucedió, aunque sin cadena, el año pasado, cuando fue velado en el mismo lugar el ex presidente Raúl Alfonsín con honores de presidente en ejercicio.
¿Qué es lo que cambió ahora? Básicamente lo que primero llamó la atención de todo el mundo en cuanto se abrió al público la capilla ardiente del doctor Kirchner: el cajón cerrado. No hay registro visual, pues, del cadáver del ex mandatario fallecido. Así quedará en la memoria de todos sólo la imagen de un Néstor Kirchner vivo, reiterado en cariñoso abrazo con la Presidenta, en afiches callejeros que ayer inundaron la ciudad. Ayer la TV pública ponía intermitentemente en pantalla distintas fotografías del matrimonio presidencial.
Pero, además, en cuanto Cristina Fernández se ubicó a la cabecera del sarcófago, las cámaras de La Corte (la productora virtualmente cautiva de la Presidencia, únicas presentes dentro de la Casa Rosada, cuya señal tomaban los demás canales) la enfocaron en todo momento, ya fuera en primeros planos o generales.
Ella, firme y estoica durante horas, recibió el saludo de ignotos, mandatarios y celebridades, llevó su mano derecha repetidas veces al corazón, inclinó su cabeza y sonrió levemente cuando estallaban los aplausos o los gritos para darle fuerza. Apenas en un costado se pusieron imágenes de la Plaza de Mayo o se intercalaban opiniones breves de quienes llegaban hasta allí. El relato se completaba con relatos formales en off desde los estudios de Canal 7, efectuados por Cecilia Laratro y Juan Miceli u otros conductores en una transmisión ininterrumpida que levantó la programación habitual, incluso 678 .

Video: primeros momentos de Cristina en el velatorio (C5N)

La pantalla de la emisora estatal lució en todo momento la siguiente leyenda: "La despedida a Néstor Kirchner/ Masivo respaldo y aliento a la Presidenta", como si el desfile incesante de público se tratase de una suerte de plebiscito mediático.
Así, la Presidenta, sin pronunciar palabra, con los ojos siempre escondidos tras anteojos oscuros, envió un mensaje gestual más que elocuente, al compartir el dolor con las tres mil personas por hora que pasaron frente a ella en una jornada interminable. Es el revés del Bicentenario, donde todo era alegría, pero con la misma masividad

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