sábado, 30 de octubre de 2010

la pesada herencia

Máximo Kirchner estrenó su rol de sostén emocional de la Presidenta

Al hijo presidencial se lo pudo ver en los funerales de Néstor Kirchner como un contenedor de Cristina. Además, se encargó de la organización.

Por G.Z.


Homenaje. Máximo, acompañando a su madre en el velorio de Kirchner, levantando los dedos en V, en honor a su padre y ex presidente.

El jueves, recién después de siete años de kirchnerismo, Máximo Kirchner tuvo su momento de mayor exposición pública. Seguramente, de la forma que él menos hubiese esperado: el velorio del padre. Desde que llegó a las 11.20, con su madre y su hermana, el hijo presidencial se mantuvo firme, al lado de Cristina, organizando, ayudando y conteniendo.

Esa imagen, automáticamente, despertó un sinfín de especulaciones, en las que se le asigna un rol preponderante en la nueva etapa política que se abrió a partir de la muerte de Néstor Kirchner. Su tarea principal, y que ya puso en práctica, será la de contener a su madre, que deberá afrontar la difícil tarea de ser viuda y presidenta al mismo tiempo.
El miércoles, Máximo amaneció en Río Gallegos, donde tiene su domicilio estable. Apenas se enteró de la que debió ser la noticia más triste de su vida, se fue para El Calafate. Llegó a Los Sauces, la cabaña de sus padres en la villa turística, a las 11.30. Instantáneamente, se debió enfrentar ante el dilema de llorar la muerte de su padre pero al mismo tiempo mantenerse firme para contener a su madre.
Esa misma noche, se embarcó en un avión con Cristina y los restos de Néstor. Según contaron desde el entorno presidencial, fue él quien convenció a la Presidenta de la necesidad de hacer los funerales en la Ciudad de Buenos Aires, ya que ella quería reducirlo a algo íntimo y privado en Río Gallegos. Recién en Buenos Aires se encontrarían con su hermana, Florencia, que había viajado de urgencia desde Nueva York, donde está estudiando cine.
El jueves a la mañana tuvo que prepararse para el funeral en la Casa Rosada, ante la presencia de centenares de dirigentes, miles de militantes que con sus gritos y llantos llegaban a estremecer la piel, y las cámaras fotográficas y de televisión a las que había escapado durante los gobiernos de sus padres.
De todas formas, se vio a un Máximo entero, manteniéndose firme ante cada quiebre de Cristina. Pero no sólo debió encargarse de contener a su madre, sino que tuvo que tomar posiciones protocolares, como saludar a la gran mayoría de dirigentes que se acercaron a despedir al ex presidente y saludar a la actual. También decidió encargarse de que la organización del servicio sea impecable, tarea que compartió con el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli.
Recién a la medianoche, se lo vio aflojarse un poco. Cristina ya se había ido, y él se quedó con su tía Alicia. En ese momento, entraron los militantes de La Cámpora al Salón de los Patriotas Latinoamericanos. Mientras retumbaban los cánticos, él se paró delante del cajón y con lágrimas en los ojos se golpeó el pecho.
La Cámpora no es una agrupación más para él. La fundó en 2007, en Río Gallegos, y desde ahí varios de sus militantes fueron escalando posiciones en la estructura gubernamental. Se hicieron fuertes tras la pelea con el campo, en 2008, cuando empezaron a ser más visibles en las manifestaciones públicas. Hoy, alejado de la militancia, sigue siendo su mentor.
Ayer, cuando llegó la hora de trasladar el ataúd, una vez más Máximo esperó hasta el final. Cristina y Florencia ya habían salido de la sala, y el hijo se quedó abrazándose con familiares, amigos y dirigentes. Otra vez le esperaba el mismo viaje en avión, junto a su madre, hermana y algunos funcionarios, llevando los restos de su padre a Río Gallegos.

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