sábado, 24 de marzo de 2012

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la generacion nini

No estudian ni trabajan, pero no todos delinquen

Pese a que tres de ellos protagonizaron el asalto en San Isidro, los jóvenes excluidos por el sistema laboral y que tampoco completan sus estudios no necesariamente incurren en delitos, aunque la sociedad los estigmatiza, dicen los expertos. En el país, los NiNi son casi un millón, y en Buenos Aires el 13,6% de la franja entre 15 y 24 años.

Por R.P.
24/03/12 - 04:23
No estudian ni trabajan, pero no todos delinquenJóvenes. La pobreza, las dificultades de acceso al mercado de trabajo y la marginalidad del entorno los forman, pero no siempre los definen.

Suman casi un millón en todo el país, y más de 360 mil de ellos viven en la provincia de Buenos Aires. Son jóvenes de entre 15 y 24 años, y la tipificación que les ha correspondido en los estudios sociales los definen como “NiNi” –ni estudian, ni trabajan–, abriendo el camino para que, muchas veces, se incurra en generalizaciones que, dicen los expertos, no siempre son del todo correctas.
Las cifras parecen coincidir bastante: según los datos del estudio “La adolescencia Midde (Medición Indicadores Derechos Desarrollo y Educación) en la provincia de Buenos Aires 2011”, llevado adelante por el Observatorio Social Legislativo (OSL) provincial, en el país, los NiNi son 974 mil, un 14,9% de la población en ese rango etáreo. Para el territorio bonaerense, los números indican un porcentaje similar –13,6%– o 364.784 jóvenes, con mayoría de mujeres sobre los varones.
A este mismo grupo, dicen las estadísticas, pertenecían Cachete, El Cofla y Pola, los tres jóvenes de la Banda de la Capilla que el lunes 12 asaltaron al periodista Baby Etchecopar y su familia en su casa de San Isidro. Las consecuencias del robo ya se saben: Alejandro Morillo, de 24 años, fue quien murió bajo los balazos de Etchecopar. Sus cómplices, Horacio Barreto y Lucas “El Cofla”, un menor de 17 años, corrieron otra suerte: prófugo el primero y detenido el segundo.
El trasfondo de un hecho del que se ha hablado, escrito y visto en todos los medios durante los últimos días es más profundo: ¿cómo son realmente estos jóvenes para quienes el futuro parece estar cercenado, sin posibilidades reales de inclusión en el mercado laboral formal y con la deserción escolar como una decisión propia o forzada por el contexto? Y más aún: ¿cuántos “NiNi” siguen un camino asociado al delito? No tantos como pareciera, según resultados de los últimos estudios sobre niñez y adolescencia llevados a cabo tanto por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (OSDA) de la Universidad Católica Argentina; como el del OSL: “La presentación de esta dimensión de análisis no debería interpretarse como una visión descalificatoria individual o colectiva, sino que en esta dimensión están incluidos los jóvenes que, si bien cuentan con las capacidades –y muchas veces con el deseo– de estudiar o trabajar, no pueden acceder a este derecho por condicionamientos estructurales”, dice el informe. La pobreza, las dificultades en el acceso al mercado de trabajo y, en muchos casos, la situación marginal del entorno en el que viven son variables que los forman, pero no necesariamente los definen: “Es muy difícil determinar que todos los adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan tengan necesariamente un camino asociado a actividades no lícitas”, dice a PERFIL Ianina Tuñón, coordinadora del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, uno de los estudios anuales que realiza el Observatorio de la UCA, que determinó en su última edición que del 5,8% del total de adolescentes de entre 14 y 17 años que no trabajan ni estudian, el 10,5% viven en un sistema de urbanización informal (villas o asentamientos) y que si se suman los niveles medios y medios altos se alcanza un porcentaje apenas menor, 9,1%. “Hubo intentos de estudios cualitativos en jóvenes para quienes el delito es su forma de vida, pero hasta ahora no ha sido posible formalizarlo”, explica Tuñón. Y coincide con otros referentes sociales en que “los niveles de incidencia de la delincuencia en la judicialización de los adolescentes y jóvenes son relativamente bajos”. El estudio del OSL provincial determina que las investigaciones penales preparatorias (IPP) para menores de edad (de 18 años y menos) representan sólo el 4,2% (27.395) de los casos del total en la provincia de Buenos Aires, y que sólo el 1,05% de esas IPP corresponden a homicidios dolosos. “Los rubros más significativos son los delitos contra la seguridad pública, lesiones leves y amenazas, caracterizados por la doctrina como delitos de ‘orden menor’”, explica el informe. La estigmatización, coinciden los expertos, juega un amplio rol en lo que se afirma de estos chicos: “A través de una construcción política del enemigo, el joven varón pobre es el sujeto privilegiado para focalizar todos los “tratamientos” del sistema penal, pero también social”, concluye la investigadora Alcira Daroqui.

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