domingo, 25 de marzo de 2012

excelente interpretacion del amigo maronna QUE COMPARTIMOS

Reutemann y el reutemismo

El último, que apague la luz. La salida de la diputada Celia Arena del espacio que hasta hace poco hacía eje en Carlos Reutemann para inscribirse en el Frente para la Victoria constituye casi el epílogo de una construcción electoral que signó los últimos 20 años de la política santafesina. El reutemismo, si es que alguna vez existió más allá de una denominación útil, ingresó en rigor mortis.



Por Mauricio Maronna / La Capital
El último, que apague la luz. La salida de la diputada Celia Arena del espacio que hasta hace poco hacía eje en Carlos Reutemann para inscribirse en el Frente para la Victoria constituye casi el epílogo de una construcción electoral que signó los últimos 20 años de la política santafesina. El reutemismo, si es que alguna vez existió más allá de una denominación útil, ingresó en rigor mortis.
A la luz de traspasos, ausencias y actitudes, deberán replantearse hacia el futuro muchas de las adjetivaciones que impactaron contra Roxana Latorre cuando ésta decidió pegar el portazo y escurrirse de la cercanía más inmediata de Reutemann. La senadora apenas fue la iniciadora de un lento proceso de desguace de quien parece haberse alejado casi definitivamente de la política santafesina. Contémplese la opción de la relativización, porque si en algo es pletórica la política nativa es en deparar sorpresas.
El reutemismo se bifurcó hoy en otros caminos. Hay reutemistas en Unión PRO, los hay en el kirchnerismo y quedan unos pocos en el Peronismo Federal. Lo curioso del caso es que el protagonista de la película no parece estar en ninguno de esos enclaves: pasa sus días entre su vivienda santafesina y el Senado de la Nación, un ámbito en el que casi nadie le conoce la voz.
Libertad de acción. Pero antes de hablar del ex gobernador, es gráfico señalar la dispersión de sus alfiles y el dispar destino que les cupo. Sólo parecieron tener la caricia de la continuidad en los cargos quienes decidieron romper lanzas, algunos de los cuales son legisladores. La ausencia de sentimiento y práctica de liderazgo, de vocación por trabajar en equipo y de compromiso por un proyecto a futuro fue desangrando al reutemismo. Debe subrayarse en trazo grueso que al que menos le preocupa el éxodo es al propio Reutemann. Una de las tantas rarezas del personaje.
"Yo soy muy pragmático y a usted le interesa la política", le despejó el camino a Arena cuando su ex jefa de Despacho le transmitió, emotiva, las dificultades que le acarreaba el estado de indefinición. Curiosamente para la habitualidad semántica de la política, prolífica en vocear traiciones o engaños, el Lole jamás pronunció algún adjetivo descalificador hacia quienes cruzaron el Jordán. No sucedió ni con la ubicua María del Carmen Alarcón, quien pasó de ser cancerbera del santafesino a cumplir funciones en el gobierno de Hermes Binner y luego en el kirchnerismo gobernante. No se priva de nada ni de nadie la actual funcionaria de Juan Manuel Abal Medina.
Ordenar los mosaicos. La descomposición del reutemismo debería reconfigurar al justicialismo santafesino que, desde hace algún tiempo, se ha convertido también en un mosaico en el que conviven demasiados miniliderazgos. Pero ese será tema de otra columna.
Reutemann cumplirá pronto 70 años, una limitación biológica a la hora de trazar futuros políticos. Pero, al menos hasta ahora, su inmovilismo y su escasa vocación de poder construyendo equipos, no ha sido en su caso una cuestión etaria. En los arrabales de las elecciones a senador nacional del 2009, el Lole ató su triunfo y el apoyo de los santafesinos a una futura candidatura presidencial. Ganó y no fue postulante. Nunca explicó por qué incumplió esa promesa, más allá de respuestas escatológicas y desfasadas, como cuando mandó a todos a meterse la candidatura en ese espacio anatómico en el que no entra el sol.
Se resguardó entre cuatro paredes y no pronunció una sola frase que les sirviera de envión a los reutemistas que pugnaban por ganar elecciones desde el PJ y que estuvieron desde siempre cerca suyo: Ricardo Spinozzi y Juan Carlos Mercier, entre tantos otros dirigentes, pueden dar fe de ello.
Gran Cuñado. Aquella campaña del 2009 marcó un quiebre en el estilo de Reutemann. Por primera vez, debió transigir con su estilo parco, cerrado, refractario y someterse a los dictados del marketing, algo que siempre detestó.
Para juntar unos votos más (porque su triunfo estaba en peligro frente a Rubén Giustiniani) debió concurrir a Gran Cuñado, aquel envío en el que Marcelo Tinelli y su troupe se mofaban de quien sólo decía: "No sé". Resultó extraño verlo como una celebritie más, entregado a los chistes de su propio imitador, con una planta de soja en la mano y prometiendo volver a bailar una cumbia con su esposa. La necesidad tuvo cara de hereje, pero si quería ir por un objetivo mayor (la Presidencia de la Nación) debería abrirse, limitar desconfianzas, trabajar en equipo. Y volver a lo de Tinelli a caer en el ridículo bailando la cumbia prometida. Tras la ajetreada victoria, empezó a recluirse cada vez más.
El encierro. Uno de los primeros indicios del repliegue lo dio con su equipo de colaboradores en el despacho del Senado: su esposa, su hija y su yerno. Una manera de ir cerrando los intersticios a quienes no integran parte de su vida más íntima, más privada. Cuenta la historia (o el mito) que hace pocas semanas, Reutemann convocó a una de sus empleadas de prensa que no abreva en el círculo familiar y le dijo que en ese ámbito ya había poco para hacer, que buscara otro camino, con futuro político.
Y aquí surge, voluptuosa, la gran pregunta: ¿Reutemann se retirará de la política cuando cumpla su mandato como senador? No hay demasiados indicios que refuten lo que parece ser un lento aterrizaje, aunque la lógica diga que nadie se jubila en este métier. En todo caso, y como siempre, será una decisión individual del dos veces gobernador de Santa Fe. "Es mi cuero", dirá Reutemann, una de las frases con las que siempre intentó despegarse de las críticas por su feroz individualismo. A su favor debe decirse que parece mantener sus votos intactos: la inmensa mayoría de quienes votaron a Miguel Del Sel antes había sufragado por él. Tal vez, como buen competidor, quiera retirarse invicto de la política.
El cockpit. Todas las veces que su nombre no estuvo impreso en las boletas prefirió alejarse, correrse, mantenerse al margen. Como si le hiciera falta demostrar que nunca hubo reutemismo, sólo Reutemann. Si el hombre no quiso ser presidente de la Nación teniendo esa opción al alcance de la mano ahora podrá decidir lo que se le ocurra sin que nadie se sorprenda.
Su compleja personalidad ha estado siempre aliada en política al síndrome del podio, trasladado desde que comenzó a ganarse la vida trepado a un automóvil: en el cockpit entra uno solo.

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