lunes, 30 de mayo de 2011

El caso de Marcela y Felipe Noble Herrera

Beatriz Sarlo en 6,7,8: el discurso y sus máscaras

Publicado el 30 de Mayo de 2011



¿De qué leyes de la dialéctica está hecha la construcción que borra las consecuencias de la acción de Ernestina Herrera de Noble, y cómo se compadecen con ‘la puesta en el centro de los derechos del recuerdo’ la historia de Felipe y Marcela?
Sorprende que la misma persona que escribió hace unos pocos años Tiempo pasado: Cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión, editado en 2005 por Siglo XXI, texto que en las primeras líneas dice: “El pasado es siempre conflictivo. A él se refieren en competencia, la memoria y la historia, porque la historia no siempre puede creerle a la memoria, y la memoria desconfía de una reconstrucción que no ponga en su centro los derechos del recuerdo (derechos de vida, de justicia, de subjetividad)”, sea quien ahora haya resumido la evidencia de un crimen impune –como lo es el robo de los bebés que hoy aparecen como hijos de la dueña del Grupo Clarín– con la ligera indicación del “ADN y punto”, ante el estupor de una mesa de periodistas, filósofos y Gabriel Mariotto, responsable de que los ciudadanos vivamos una experiencia fundante con la Ley de Medios, ley que dejó atrás la de los dictadores genocidas y abrió un nuevo espacio hacia la democratización de la palabra.
¿No es acaso, usando sus mismas palabras, “una debilidad de principios”? ¿Es creíble que pueda discutir una intelectual que se defiende de la historia que nos atraviesa a todos, como extranjera o ajena a este pasado común? En esa distancia desde donde opina se muestra sin afecto. Lo vivido por los argentinos no la toca ni la involucra; desprovista de emociones y sentimientos, ella está en condiciones de analizar la realidad del equívoco. Y sus procederes sólo dan cuenta del discurso en primera persona, impoluto, con la manifiesta intención pedagógica.
En 1967, cuando editó su primer libro de crítica literaria, Beatriz Sarlo habrá decidido dedicarse a entender la construcción de los relatos, confrontar textos y dar cátedra sobre la literatura popular, los ‘60, el folletín, los actos de imaginación, los dispositivos culturales, la batalla cultural, el discurso político, en fin, sin ir más allá, Sarlo es maestra terciaria. Profesora universitaria al frente de cursos y seminarios a nivel internacional, especialista en Borges, Arlt y Sarmiento.
Su trayectoria muestra a una mujer que ha ocupado su vida en leer, pensar e interpretar los fenómenos de la cultura, sin embargo, la velocidad con que saltea en su análisis los actos terribles de la señora de Noble, dista mucho de considerar que la estudiosa académica haya tenido en su respuesta un “gesto espontáneo”. Antes bien muestra una grieta importante entre la conducta ética y “el ensayo sobre la ceguera”. ¿De qué leyes de la dialéctica está hecha la construcción que borra las consecuencias de la acción de Ernestina Herrera de Noble, y cómo se compadecen con ‘la puesta en el centro de los derechos del recuerdo’ la historia de Felipe y Marcela?
Pero vuelvo al selecto universo de los intelectuales. En estos días, en La Boca, donde comienza la calle Caminito, vi una enorme araña gestante en la puerta de la Fundación Proa: El retorno de lo reprimido tuvo la inspiración de bautizar a esta escultura Louise Bourgeois, su autora. Ahí, en la vereda, en el corazón del conventillo de la vida, se impone de manera abrumadora lo que tratamos de olvidar. “Las mujeres y los niños, –además del mito de subirnos primero a los botes en los cuentos de naufragios–, jugamos en una sociedad infantil en la que activamos una verdadera estrategia del secreto, y nos sentimos ciertamente avergonzados por la mirada del adulto”, acuña Paul Virilio en su Estética de la desaparición.
Tal vez, la discusión en la pantalla de canal 7 que aceptó y tuvo Beatriz Sarlo como una ventana al mundo circundante disparó una ausencia. Una ausencia de aquellos temibles años a través de la cual ella tejió su telaraña defensiva y la desplegó a lo largo de la entrevista en 6, 7, 8, como en la escultura de Louise, ella misma se hizo araña e hija salva, protegida dentro del entramado atroz de su penoso discurso.<

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