sábado, 25 de febrero de 2012

Reflexiones, por María Herminia Grande
¡Ay patria mía!

Por capricho o no del destino, como en un caleidoscopio se multiplican hechos e imágenes de la más inmediata realidad con nuestro más remoto pasado. A doscientos años de que nuestra patria es identificada por la bandera de Belgrano, cuentas pendientes aparecen y desaparecen casi siempre con grieta de tragedia. Entre tantas actividades, Manuel Belgrano fue cónsul de España en Buenos Aires, esto no es lo sorprendente sino que sus amigos de entonces se dedicasen al contrabando lícito o ilícito. Con desprolijidad de caleidoscopio aparecen imágenes y frases en mi memoria. Tres años atrás el Dr. Luis Tomatis, un prestigioso médico rosarino que lleva muchos más años brindando ciencia en Estados Unidos que en su país natal, tomó un rato de su tiempo para analizar una de mis reflexiones semanales y con un fino análisis resaltó un error conceptual en el escrito de ese momento, en el cual yo remarcaba que la corrupción era producto de ciertas coyunturas. El Dr. Tomatis fundaba su parecer en que la corrupción está inserta en el ADN de los argentinos, transformándose en un problema estructural. Su convicción al respecto generó en mi, grandes cavilaciones, rechazo, duda, aceptación, duda, duda… ¿Somos los argentinos portadores de semejante desgracia? Pensemos: la Justicia es a un país lo que las células madres son a un organismo vivo. Nuestro cuerpo social ¿tiene en la justicia la célula madre capaz de regenerar el tejido dañado….?

Cuando ocurren tragedias como la de esta semana en Once, que se suman a otras y otras, recordadas solamente por los afectos vivos de los protagonistas muertos, muchas más dudas aparecen junto a la sensación de una enorme desprotección. Hoy quien sale de su casa indemne, dado que la sucesión de delitos domiciliarios están a la orden del día, se enfrenta en una carrera de obstáculos a distintas situaciones no gratas, con el único deseo de llegar sano y salvo a su trabajo, y regresar de la misma manera a su hogar. Es obvio que ninguno de nosotros piensa en esto todos los días y cada minuto, porque de lo contrario tendríamos un país atrapado por el pánico. Esta descripción probablemente afecte en forma mayoritaria a los ciudadanos que pueblan las grandes urbes, tal vez en las poblaciones más pequeñas la vida corra menos riesgo en todo sentido. Cuando la seguridad personal falla o es dudosa porque cierto sector mafioso tiene policías comprados… cuando la energía falta porque las inversiones no se realizaron o lo que se presupuestó no estuvo acorde con lo que se realizó; cuando los trenes, los colectivos, los aviones, el transporte en general recibe millones en subsidios que debieran ser destinado a inversiones y los usuarios, que también son millones, viajan abarrotados, destratados, con el solo deseo de no ser víctimas de robo, piquetes o accidentes. Si todo esto y tantas otras cosas más suceden, es porque funcionarios, empresarios, representantes gremiales, engordan sus bolsillos desviando millones que van y vienen, pero no adonde deben.

Es la ciudadanía la que no debe aceptar mas esta forma de vivir. A Belgrano le preocupaba por encima de todo la educación, visionariamente entendía que para lograr un progreso moral y material en el futuro, era indispensable difundir los beneficios de la educación porque ella constituía el verdadero fundamento de la felicidad pública. Porque la educación y fundamentalmente cuanto está basada en valores, permite que el hombre libre elija su camino. Se cree, no hay documentos fehacientes que lo demuestren, que el creador de la bandera murió diciendo ¡Ay patria mía! Los símbolos y los feriados, deben existir para la introspección y la reflexión. No esperemos que la vida de tantos argentinos anónimos quede en los andenes, en las calles, en los caminos de nuestra patria sólo porque aceptamos la corrupción de ayer y de hoy .

El historiador Ricardo Rojas reflexionaba: “Demoledores nos sobraron: fue arquitectos de la nueva morada lo que nos faltó. Con diez hombres como Belgrano, la democracia argentina aparecería en su génesis menos envuelta en sombras de caos y sangre de tragedias".

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