domingo, 31 de julio de 2011

barletta ministro de educacion es lo unico que pido

Mi gobierno será de puertas abiertas y dispuesto a charlar todos los temas"

Bonfatti dijo que su gestión privilegiará los derechos esenciales del pueblo como salud, educación y vivienda. Reivindicó los años 70 y contó que su profesión de médico lo introdujo en la actividad política.

El gobernador electo del Frente Progresista. (Foto: G. de los Ríos)

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Por Jorge Sansó de la Madrid / La Capital - jsdelamadrid@lacapital.com.ar
Con un metro noventa de altura en el gobernador electo Antonio Bonfatti, su calvicie absoluta y su traje negro inmaculado, intimidan tanto como afable resulta su saludo, sonrisa y sostenido apretón de manos, incluidos. Transmite aplomo, seguridad y una dureza que se encargará de disipar, al menos, desde lo dialéctico: "No soy un duro. No me creo duro. Soy sensible y tengo que hacer esfuerzos para no quebrarme. Me sensibilizan la injusticia y el dolor ajeno", dirá en el extenso reportaje concedido a este diario.
Bonfatti recibió a La Capital en su despacho de ministro de Gobierno en la Casa Gris, pegado al que ocupará desde el 11 de diciembre, ya con 61 años, cuando después de despedir a su amigo, Hermes Binner, se convierta en el segundo gobernador socialista del país, cargo para el que fuera designado el domingo pasado.
Pero hay otros dos récords que signan ya su trayectoria: fue el primer intendente socialista de la Argentina cuando en 1983 estuvo al frente de Las Parejas (adonde recalara huyendo de la persecución militar) y será el primer gobernador en administrar la provincia con las dos Cámaras legislativas en manos de la oposición. Sus allegados cuentan que íntimamente disfruta el haber acabado con el maleficio de que ningún pelado llegara a ser gobernador.
La larga charla osciló entre infancia y militancia, recuerdos de tiempos pretéritos cuando el médico veinteañero trasmutaba en cuadro socialista y definiciones políticas de actualidad.
Así se pudo saber que a Bonfatti no lo inquietan los planteos hacía adentro del Frente Progresista, que describe con sentencia de facultativo de la medicina: "Son dolores del crecimiento", dirá convencido de que la coalición que ayudara a fundar (como hiciera en 1972 con el Partido Socialista Popular) más veinte años atrás no tendría ningún ruido si estuviera feneciendo. Según su interpretación es el futuro el que truena en el oficialismo. De paso, recordó que el programa de gobierno que comenzó a aplicar Binner, y que él se apresta a continuar, fue pensado con un tiempo de ejecución de 20 años.
La certeza y seguridad con la que habla de esos plazos se antoja contagiosas y hay que hacer esfuerzos por abstraerse de darle inconscientemente la razón. El carisma de Bonfatti, difiere, y mucho, del de Binner.
Casi se diría que el dominio que el peronismo tendrá de ambas Cámaras —algo que tendría aterido a cualquier Ejecutivo— es una inocua noticia en el entusiasta discurso del gobernador electo. Igualmente confiado está en que "la razón y los consensos" que primarán en su relación con las Cámaras permitirán reformar la Constitución provincial. Bonfatti hasta parece ingenuo si no fuera porque para llegar a gobernar la segunda provincia del país y ser ungido por más de 650 mil voluntades se puede ser muchas cosas menos ingenuo. Para alguien que se contó en 1972 entre los fundadores del PSP, menos aún.
—¿Usted es lo que se dice un exponente de los 70?
—Si le sacamos la connotación que hoy se le da a esa expresión circunscripta a una entidad partidaria en particular, sí se puede decir que soy un setentista.
—¿Nada kirchnerista?
—Soy socialista.
—¿Un político setentista?
—Me empezó a picar en los consultorios. Eramos estudiantes y hacíamos prácticas de neumonología, gastroenterología, gastroenterocolitis, hepatitis..., cuando comenzamos a advertir que los mismos pacientes venían una y otra vez a consulta. La causal no el virus tal o el bacilo cual, era la situación social de esa gente. Nos empezamos a preguntar entre nosotros qué sentido tenía atender de a uno a esos pacientes si se podría solucionar el problema de a miles.
—¿Y eso lo llevó...?
—A meterme en el centro de estudiantes y ya, como era alumno de los últimos años, me invitaron a ir a una villa miseria: La Tablada. Villa a la que venía mucha gente del norte, Reconquista, Corrientes... De esa confrontación entre las ideas y lo social uno se fue imbuyendo de la utopía de cambiar al mundo (que entonces creíamos fácil) y empecé a meterme en el partido.
—¿Socialista?
—Sí, el Centro de Estudiantes de Medicina estaba en manos del socialismo.
—¿En aquel entonces pensó en que sería gobernador?
—No, porque uno cuando es joven sueña en transformar el mundo pero nunca cómo. Menos pensar en un cargo. Todas las funciones que fui ejerciendo fueron producto de estar y de hacer.
—Estando en las villas y siendo ya militante, ¿cómo le fue con la dictadura militar?
—Muy mal. El 11 de marzo del 76 me avisan que me estaban buscando. Del temor me fui al sur y después volví seguro de mí, diciendo que no tenía nada que esconder, pero me hicieron saber que era persona no grata y que me tenía que ir. Perdí mi trabajo. Un tío, que era mi padrino, vivía en Las Parejas (de donde es oriunda mi madre), me consigue un trabajo de guardia de lunes a jueves en una clínica y también era voluntario en el hospital. Los fines de semana venía a Rosario. Eso fue hasta 1982 en que me casé y me radique en Las Parejas.
—¿Y al año fue intendente?
—Así es. El primer intendente socialista de este país. Y fui concejal también.
—¿De dónde viene la relación con Binner?
—Lo conocí en ese centro de salud de La Tablada, él ya era médico. Ambos estábamos en el socialismo aunque yo recién empezaba y Hermes venía con una militancia desde varios años antes en agrupaciones que después terminaron conformando el PSP.
—Cuando llegaron a la Casa Gris a usted ya se lo consideraba el alter ego de Binner.
—En la dictadura compartimos centros de estudios. Eramos un grupo de médicos que estudiábamos la salud y el trabajo; hicimos juntos una maestría en salud pública. Compartimos la militancia partidaria y cuando Hermes es elegido intendente yo voy como secretario de Salud. Después gano (2005) las elecciones a concejales pero no asumo porque (Rubén) Giustiniani, que era secretario de Gobierno, es electo diputado nacional y yo lo reemplazo en el cargo 5 años y medio.
—¿Por qué Giustiniani les hizo la interna?
—Rubén creyó que ello fortalecía y yo le decía que no. En un frente que es muy joven y no tenemos siquiera un estatuto para dirimir las diferencias o una carta orgánica. Lo mejor era acordar.
—¿Lo mismo vale para Mario Barletta?
—En mi visión sí. Fue un apresuramiento de Mario lanzarse sin habernos sentado todos a buscar un entendimiento.
—¿No tienen razón los radicales cuando se quejan de los pocos espacios de primer orden que han ocupado en el gobierno?
—Los espacios no son producto de repartir naipes sino de estar siendo parte de la construcción de un proyecto. En el Cemupro durante años convocamos a los equipos a trabajar. No hay que entender la política como el reparto de cargo al otro día de ganar las elecciones. Cuando se escribe un programa, hay que ejecutarlo, pero hubo que prepararse para esa ejecución. Hay una confusión porque se cree que la mayoría de los ministros somos socialistas.
—¿No es así?
—Solo dos lo somos. Superti, Sciara, Ciancio y Chiqui González no tienen afiliación política.
—Pero no llegaron propuestos por otros partidos del Frente.
—Llegaron porque han participado de un proceso de construcción de años y demostrado idoneidad.
—Al decir que abrirá el gabinete a otros partidos, ¿no reconoce la ausencia de los demás socios?
—Abrir quiere decir que vamos charlar las cosas en la mesa pero no se trata de empezar a repartir cargos. El gobierno no es un compartimento estanco que se fragmenta. Hay que convocar a discutir y armar equipos, lo que tremendamente complejo.
—Admítame que la política es dinámica y pragmática y que el poder se ejerce desde los espacios que se ocupan.
—Pero los espacios no se reparten como si fueran un mazo de naipes. Podrían ser los 12 ministros del PDP o del radicalismo. Hay que sentarse a la mesa, participar. ¿Quién dijo que debe haber cuotas? Se construye aportando y sumando, no criticando.
—¿Este mismo esquema va a usar para armar su gabinete?
—Obviamente porque sino destruimos el gobierno.
—¿Puede ser que haya dicho que la mayoría de los ministros van a seguir en sus puestos?
—Tiene que haber una continuidad en este proyecto porque de lo contrario sería empezar todo otra vez desde cero.
—¿Estamos hablando de los mismos nombres?
—Yo no estoy hablando de nombres ni de números, digo lo que son las vigas maestras de este gobierno.
—Cuando vengan de la UCR, el SI, el ARI, el PDP portando sus propios nombres, ¿usted qué les dirá?
—Que nos sentemos alrededor de la mesa y lo charlemos.
—¿Cómo está el Frente Progresista Cívico y Social?
—Bien. No hubo nadie que no se sumara a sostener las candidaturas desde el primero al último cargo. Estábamos alrededor del 40% y hemos dividido por tres no por dos como en la elección anterior. En los últimos 20 días hubo votos impensados que tienen que ver más con una especie de voto castigo que propositivo.
—¿Cómo es eso?
—Nadie puede creer el PJ pueda tener 22% de los votos cuando en el piso más bajo de su historia estuvo en 37 o 38%. Entendamos algunas cosas que son coyunturales y que no son repetibles.
—¿Es decir, el fenómeno Del Sel hay que situarlo en el marco de la interna del PJ?
—Coincido en ello, aunque también lo votaron algunos sectores independientes que siempre votan una u otra cosa y decidieron apostar allí. Me refiero al caso de la gente del campo con un acción o reacción contenida frente a lo fuera la crisis desatada con la 125.
—Ese castigo del campo en una proporción implicó un reproche al gobierno provincial.
—Presentamos una propuesta alternativa. Pero si ponerse al frente de un reclamo significa gritar más fuerte, no veo que con esto se pueda modificar ninguna situación. Un productor me dijo que si estuviera presente (Guillermo) Moreno me gritaba y me hacía callar. Yo le dije que yo le pegaría para responder a sus gritos. Ahora bien después la situación seguiría sin cambiar en nada. Ninguna provincia se animó a hacerle un juicio a la Nación ante la Corte. Nuestras posiciones están escritas.
—Según dijo Carrió, el socialismo traicionó al campo en el Congreso.
—No sé a qué se refirió.
—La aparición pública de (Carlos) Reutemann, ¿influyó en el resultado electoral?
—Indudablemente. Que Reutemann dijera que no era kirchnerista sino Federal fue muy fuerte por tratarse de alguien con ascendencia y prestigio. Pareciera que a muchos peronistas les quitó la vergüenza de votar al candidato de Macri al dar a entender que él haría lo mismo. Otros dicen que evidenció la impronta mayoritariamente peronista de la candidatura de Miguel, y eso también es verosímil.
—¿Por dónde se les escapó la tortuga para que las Cámaras terminaran en manos del PJ?
—Allí el PJ conservó su piso histórico del 38%. Con tres candidaturas, los votos que se fueron para Del Sel, no nos permitieron ganar. Hay varios factores, como el prestigio de una candidata que fue vicegobernadora, en el caso María Eugenia. Nosotros estamos conformes porque tenemos 672 mil votos que no son prestados.
—La boleta única fue un mejoramiento institucional notorio, ¿pero no previeron que podría generar esta situación?
—Superti dijo que la boleta única es una Ferrari que anda por una calle de tierra llena de pozos: la Constitución provincial. La boleta única debiera marchar de la mano con, al menos, una Legislatura integrada mediante el sistema D’Hont pero no porque quien gana por un voto se lleva 28 diputados.
—¿Va a reformar la Constitución?
—Ojalá pudiera. Voy a seguir insistiendo en la necesidad de reformarla. El año que viene cumple 50 años la que tenemos. Los constituyentes del 62 no podían prever derechos de tercera y cuarta generación que no existían en la conciencia argentina o institutos como Consejo de la Magistratura, Defensoría del Pueblo o Ministerio Público extrapoder o la necesidad de autonomía municipal... La reforma es una necesidad.
—Con las dos Cámaras en mano del peronismo, ¿es posible el consenso para la reforma?
—Nosotros la seguiremos impulsando. La responsabilidad mayor será del partido que tendrá mayoría en las Cámaras.
—¿Bonfatti es, como dicen, un habilidoso negociador?
—No sé si soy habilidoso. Creo fervientemente en el diálogo y en el consenso. Que es necesario sentarse a charlar, verse las caras, poner las cosas y darlas vueltas todas las veces que sea necesario para que todos las miren y verlas. La mayoría de los legisladores que asumirán me conocen y saben que pueden conversar conmigo siempre.
—¿Cómo será su gobierno?
—De puertas abiertas. Con un gobernador dispuesto a conversar sobre cualquier tema.
—¿Lo condiciona la ascendencia de Binner que lo prohijó como delfín?
—La expresión delfín alude a los reinados (franceses) y no forma parte de nuestro ideario porque las decisiones las hemos tomado colectivamente. Me tocó a mí, pudo haberle tocado a otro. No soy ni me siento delfín.
—¿Qué espera lograr para darse por satisfecho dentro de cuatro años?
—Que los derechos esenciales del pueblo tengan una gran visibilidad: salud, educación, trabajo decente, vivienda. Aspiro a que podamos seguir creciendo económicamente y producir energía. Sueños con chicos jugando y jóvenes estudiando. Si esto se da será porque haya familia y escuela que contienen y porque hay una sociedad que cobija con un Estado que asume responsabilidades y deberes.
—¿No habla de honestidad de gestión?
—Desde hace 22 años gobernamos Rosario, y luego la provincia, sin hechos de corrupción. El fundador del partido socialista fue un neurocirujano en épocas en que no existían los guantes de látex y se operaba con las manos al descubierto, por lo que había que cortarse bien las uñas y lavarse mucho rato para no producir infecciones. Por él, el lema omnipresente de los socialistas es “uñas cortas y manos limpias”, aplicado a la política.
—¿Cómo responde a las críticas de que la gestión que termina resultó lenta?
—Hay que entender lo que son los procesos y lo que fue recibir un Estado sin proyectos y políticas. Nos encontramos con licitaciones y adjudicación, por ejemplo en Vialidad, sin proyecto ejecutivo. Hubo que hacer todo de cero. Formar equipos, capacitar, armar espacios dignos de trabajo. Luego, la crisis del campo que arrastró servicio e industria. Recién pudimos asomar la cabeza en abril de 2010 pero hoy tenemos 715 obras en marcha. No es producto de la improvisación. Construimos el tren, lo pusimos arriba de vía; ahora hay que hacerlo andar.

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