sábado, 30 de julio de 2011

tendencias

Aseguran que en el país ya existen 3000 coaches y más de 60 escuelas

El alumnado de las escuelas de coaching creció el 40% en 2011

Publicado el 30 de Julio de 2011

Hay estudiantes que aprenden esa práctica no sólo para conseguir trabajo, sino como “una forma de vivir”. Se trata de sesiones individuales y para grupos empresarios que quieren resolver una dificultad en cualquier ámbito de su vida.
Cada vez más gente se anota en las escuelas de coaching: los directivos de esas instituciones aseguran que este año el alumnado aumentó un 40%, aunque más de la mitad no buscan trabajar de eso sino “una forma de vivir”.
Así lo sostiene ante Tiempo Argentino Daniel Rosales, integrante de la primera camada de coaches (entrenadores) del país, director de la Escuela Latinoamericana de Coaching (ELA) y vicepresidente de la Asociación Argentina de Profesionales de esa actividad, que agrupa a 450 coaches. “El coaching es una manera de ser y una profesión. Es un proceso de aprendizaje, donde la persona va encontrando sus propios recursos y hay una transformación. En el mundo empresarial, tiene un valor estratégico para el gerente, dueño o director que contrate este servicio, y en el plano personal tiene una característica similar a una consulta terapéutica, pero con otros tiempos y otra metodología”, detalla Rosales y subraya: “Aunque el liderazgo reconocible en nuestras sociedades sigue siendo autoritario, paternalista o coercitivo, el de coach es proactivo. A diferencia de la psicología, no busca explicaciones, sino que mira para adelante, hacia los objetivos.”
El coaching está compuesto por un coach y un coachee, que es la persona que tiene una dificultad en cualquier ámbito de su vida. “Toma al ser humano como un ser lingüístico con tres dominios: cuerpo, emoción y lenguaje. Lo que hace el coach es asistir al coachee con preguntas para que encuentre nuevos espacios y respuestas. Interviene en el dominio del lenguaje, en lo emocional y en lo corporal”, dice Roberto Rossi, quien también integra la asociación y es coach con diseño ontológico en management y liderazgo.
En la Argentina, lo que predomina es el coaching ontológico, que trabaja a resultado. Es decir, alguien consulta por un objetivo concreto y realiza una cantidad acotada de sesiones para lograrlo. Comenzó en el país hace más de diez años como un entrenamiento para empresarios o líderes del ámbito económico y hace tiempo se extiende a todas las áreas. Además, el coaching ontológico en la Argentina se transformó en el de mayor crecimiento de América, incluso mayor que en Chile, donde fue creado (ver aparte).
Según el coach Rosales, aunque no existe un registro oficial, el total de coaches en el país rondaría los 3000. Hay 14 escuelas avaladas por la Asociación de Profesionales y se calcula que hay otras 50 que funcionan por su cuenta. Para que una escuela tenga el aval de la asociación, sus miembros establecieron una serie de pautas, como la cantidad de horas para cada materia o un mínimo de dos años de estudio sobre el tema. Además, el Instituto de Capacitación Profesional (ICP), la primera escuela del país (1997), está avalado por el Ministerio de Educación porteño y otorga un título terciario oficial. “En marzo, se inscribieron 64 alumnos y hubo otros que se quedaron sin cupos. Hoy cursan 170 alumnos en distintos niveles”, precisa Marcos Liberti, apoderado general del ICP.
Esteban Caleta tiene 58 años y un centro privado de ortopedia en la localidad bonaerense de Junín, donde vive con su familia. “Hay cosas que he logrado sobradamente en el ámbito profesional y personal. Pero hay otras que logré con lo justo y varias que han quedado lejos de mis sueños, sobre todo en el ámbito económico. Por consejo de una amiga me acerqué a un coach, que es como un amigo sabio que me empezó a producir preguntas, inquietudes y a buscar cambiar mi forma de ver las cosas”, relata.
Pero el coaching no siempre se trata de una actividad individual, ya que las empresas también realizan encuentros entre grupos de empleados o jefes y uno o varios coaches para mejorar la comunicación y la actitud para encarar nuevos proyectos. “Hay un refrán, que simplifica todo: en la vida podés tener explicaciones, o podés tener resultados, pero no las dos al mismo tiempo. El coach te desafía para que te pongas en acción. Cambia la explicación por la acción”, resume Rossi a este diario.
Ana Cutts, directora de la asociación civil Hábitat para la Humanidad, cuenta su experiencia: “El año pasado estábamos viviendo un momento económico difícil en la organización y eso afectó al equipo. Hicimos un trabajo grupal entre 12 coordinadores y un coach. Para mí fue una novedad y terminó marcando un antes y un después porque empezamos a mirarnos todos de otra manera y pudimos avanzar.”
Al igual que Rosales, el psicoanalista Enrique Novelli, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), hizo una diferenciación entre su actividad y la de un coach: “El coaching actúa como una manera de modelar la conducta de acuerdo a distintas situaciones. Eso puede funcionar en tanto la persona pueda desplegar esas conductas desde el punto de vista racional y consciente. El psicoanálisis trabaja con las inhibiciones, síntomas y obstáculos para tener un desempeño lo más placentero posible en la realidad.” <

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