domingo, 31 de julio de 2011

Crónicas a flor de piel

Inflar globos

Publicado el 31 de Julio de 2011



Es un momento extraño, no sé si les pasa, pero no conozco a nadie que no esté atravesando alguna transformación. Todo cuesta más, y el tiempo está diferente.
“El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”
Italo Calvino


Cuando comenzó el año supuse que no iba a ser fácil. Año de elecciones. Año de cambios profundos. Año de crisis. Pero es importante comprender que las crisis también son oportunidades que nos ayudan a crecer, a transformar aquello que no funciona, a repensarnos para poder movernos de ese lugar que nos oprime, y encontrar un espacio que nos haga mejores. Es un momento extraño, no sé si les pasa, pero no conozco a nadie que no esté atravesando alguna transformación. Todo cuesta más, y el tiempo está diferente. No responde a los parámetros habituales hasta hace no mucho. Está más acelerado. Los días pasan más rápido que de costumbre. Los meses vuelan. No alcanzan las horas. Ya estamos entrando en agosto... ¡Paaa...! Pestañamos y nos encontramos armando de nuevo el árbol de Navidad.
No sin antes enfrentarnos con lo que se viene a partir de octubre. Y sin ignorar lo que se viene a partir de mañana.
Debo confesar la tristeza que me causa que Macri pueda volver a ganar la Capital. No es enojo, ni odio, es tristeza. Tristeza por la gran ignorancia que existe alrededor de la gestión de Macri. Es ahí donde los medios concentrados siguen lastimando. Cuando cubren, cuando callan, cuando encubren... Cuando tejen redes de contención para tipos como este, que no sólo está procesado sino que ha demostrado ser de lo más ineficiente a la hora de gobernar una ciudad tan rica en cultura y en posibilidades como la nuestra. Y más tristeza aun cuando vemos que tipos como Pino o como Alfonsín, con un pasado progresista, se ponen del lado de la derecha más decadente, y no son capaces de darse cuenta de que esta ciudad necesita un cambio urgente. Se está desmoronando. Detrás de la fachada del Metrobús, de las plazoletitas más prolijas, los taladros en las cuadras simulando ser arregladas... Detrás de la banalidad se esconden las verdaderas intenciones de un tipo que sin su asesor se convierte en polvo. Ahora inauguró una pista de patinaje sobre hielo enfrente de Canal 7. ¿Y a que no saben...? La pista... pide pista. Es un charco importante. Se derrite, chicos, ármenla bien por lo menos. Se nota que en el apuro electoralista, volvieron a improvisar, y mal.
En fin, la cuestión es que este domingo los porteños y las porteñas volvemos a las urnas para el ballottage. En primera vuelta tuvimos muchas opciones o matices, aunque el mayor caudal de votos se concentró en tres candidatos (Macri, Filmus y Pino) y en los votantes ausentes (alrededor de 700 mil personas no fueron a votar). Esta vez las alternativas son dos y corresponden a dos modelos bien distintos de Ciudad, y a dos formas muy diferentes de entender la política.
La semana pasada, después de la elección en Santa Fe, el macrismo y sus socios mediáticos buscaron dar una imagen triunfalista, la de un candidato revelación, alguien nuevo en política, y sin demasiada idea, pero que había conquistado la simpatía popular. Como siempre, los análisis que inundaron los medios fueron simplistas y tendenciosos: quisieron hacer ver un voto castigo al gobierno, una derrota del modelo. Nada de qué asombrarse, sabiendo de quién viene. Pero no está de más llamar la atención sobre algunos detalles.
Primero, Rossi no hizo una buena elección, pero los más castigados fueron Binner y Bonfatti, que siendo el oficialismo quedaron peligrosamente cerca de Del Sel, y perdieron muchos votos en relación a 2007. Segundo, algo que los medios hegemónicos se encargaron de minimizar: María Eugenia Bielsa, la diputada electa por el Frente Santa Fe para Todos, ganó ampliamente las elecciones legislativas, y el kirchnerismo tendrá mayoría parlamentaria. Además, los candidatos kirchneristas ganaron 19 de las 43 intendencias: las otras 24 se repartieron entre radicales y socialistas. De hecho, el PRO no ganó ninguna y consiguió sólo siete bancas.
Y tercero, el candidato del PRO, Miguel del Sel, que parece haberse convertido en el máximo exponente de la renovación política, agradeció especialmente a dos gremios, los Gastronómicos y UATRE. Obviamente prefirió no dar nombres propios, porque tendría que haber mencionado que los grandes artífices de su campaña fueron dos figuras más desagradables que pisar mierd... descalzo: Luis Barrionuevo (el de “hay que dejar de robar dos años”: te seguimos esperando, Luis) y Gerónimo “Momo” Venegas (representante de los peones rurales, que no tendría naaada que ver con los casos de trabajo esclavo). Pero sí salió Del Sel a reconocer a la cabeza de esta cosa nostra, il capo de los antedichos personajes: Miguelito “anticipó” que en octubre (igual que Mauricio) votará a Duhalde. ¿Entonces en qué quedamos? Los que defienden a Del Sel, con el argumento de los nuevos aires, son los mismos que hundieron al país dos décadas atrás. ¿Será que la renovación política es volver a los años ’90 para llegar otra vez a 2001?
Claro que no es sólo un fenómeno local: es la estrategia neoliberal que se reproduce acá y allá con ligeras variantes (Berlusconi, Piñera, Bush...). El primer paso es desprestigiar a la política, borrar su potencial como instrumento de cambio, y generar la idea de que cualquier persona que milita está “contagiada de corrupción”. Después se “inflan” figuras “des-ideologizadas” del mundo del espectáculo, o empresarios que están “más allá de los negocios mundanos”, y vienen a “administrar” los recursos, a “alentar la iniciativa privada”. O sea, con el discurso del eficientismo (que nunca demuestran) facilitarles negocios millonarios a sus amigotes y cómplices. Y tampoco olvidemos que quienes evaden impuestos por cifras inconcebibles son empresarios. Que cada vez que hay un caso de corrupción, hay una empresa involucrada. Y prefiero no ponerme a recordar todos los chanchullos en que estuvo metido Mauricio como empresario (en Morón, con Sevel...), ni de las matufias que viene pergeñando con sus socios de Clarín desde que está al frente de la Ciudad. Todas las empresas son también organizaciones políticas, y lamentablemente, salvo que un Estado fuerte se los exija, muy pocas se muestran sensibles al bien común.
Si no, miren lo que pasa en Jujuy, en el Ingenio Ledesma, de la familia Blaquier (tristemente ligada a la represión durante la última dictadura). La empresa, en constante expansión, posee más de 120 mil hectáreas. En consecuencia, la zona sufre una fuerte crisis habitacional, y hace meses que más de 500 familias reclaman la cesión de 15 hectáreas (¡15 de 120 mil!) para tener acceso a viviendas dignas. En vez de acceder, de ceder un poquito, una porción ínfima, para que todos crezcan, recurren a un juez para que firme el desalojo antes de salir de viaje, y se desata una represión feroz. Tendrá que actuar la justicia para ver quiénes son los responsables. Pero ya se perdieron cuatro vidas por el reclamo de un derecho fundamental. Y no puedo evitar asociarlo con la sensación de tristeza e impotencia que sentí el año pasado cuando ocurrió lo del Parque Indoamericano.
Me vuelvo a acordar de las declaraciones de Macri sobre la “inmigración descontrolada”, y su posterior campaña de “Vos sos bienvenido”, y se me revuelve el estómago ante tanto cinismo e hipocresía. Por eso, no me resigno a cuatro años más de maltratos y desprecio.
Es cierto que hay que dar vuelta una distancia significativa, no vamos a negarlo. Pero tampoco podemos renunciar a las posibilidades reales de cambiar la historia. Será fundamental que todos los que no votaron participen esta vez. Que todos los que votamos por Filmus, lo ratifiquemos. Y que los que habían optado por otro candidato piensen, más allá de las individualidades, en qué tipo de ciudad queremos vivir.
Yo sigo soñando con una ciudad para todos y todas. Que la ciudad más rica no sea sólo para los más ricos. Una ciudad con un Estado presente, que se haga cargo de los que más lo necesitan: los problemas son muchos, pero los recursos y las soluciones también. Los eslóganes de campaña caducan pronto: se pinchan, se desinflan y arrugan como globos viejos. Lo que hace falta es la decisión política de intervenir concretamente en los asuntos que hacen la diferencia: vivienda, salud, educación, cultura... Esa es la verdadera inclusión. Sabemos que si esta vuelta nos unimos, una ciudad para todos es posible. No dejemos pasar esta oportunidad. <

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