sábado, 30 de julio de 2011

sera asi

Lo que los intelectuales de “Carta Abierta” no dicen

Son los K los que le allanaron
el camino al PRO


Por Sergio Revelli

Luego de la derrota electoral en la Capital Federal (y ahora más luego de las elecciones en Santa Fe) es evidente que se abrió una crisis política en el kirchnerismo. El espacio de intelectuales K “Carta Abierta” realizó un debate al respecto y lo subió a la web, lo que desató un cierto escandalete mediático. En aquel debate hubo cierto pase de facturas, sobre todo a Filmus, pero, obviamente, lo que no se dijo es lo esencial: es el propio kirchnerismo el que le abrió el camino al PRO. Horacio González volvió a salir en lo medios luego de aquel debate, ahora quejándose del mensaje despolitizado de Del Sel pero, nuevamente, escondiendo la responsabilidad K en esta evolución hacia la “antipolítica”. A continuación intentaremos fundamentar nuestro punto de vista al respecto.
El Gobierno Nacional recibió, producto de las elecciones en Capital Federal primero y luego en Santa Fe, dos sopapos importantes provenientes de la oposición patronal. Es que nadie esperaba ni que Macri le sacara una diferencia de 20 puntos a Filmus y en la primera vuelta a Jefe de Gobierno, ni que el impresentable Miguel Del Sel estuviera apenas a 3 puntos de ganar la gobernación santafesina y quedando Rossi, el candidato de la Casa Rosada, tercero cómodo con un magro 22%.
Esta coyuntura electoral adversa al oficialismo nacional, que de hecho se les abrió justo a sólo semanas de las internas abiertas, es a la inversa de la que primó luego de las elecciones de Catamarca, e incluso Chubut, que desató una ola de triunfalismo cristinista. Con este nuevo “veranito amarillo”, Clarín, La Nación y todos los medios de derecha quieren mostrar que Cristina no es invencible… pero uno de sus principales problemas es que el verdadero candidato de la oposición, que es Macri, no se presenta a las nacionales.
Por el lado del kirchnerismo, es lógico que frente a estos inesperados resultados se haya abierto toda una serie de debates en su interior, que de hecho los puso a la defensiva. Que la culpa “la tiene la gente”, “que da asco” como dice Fito Páez, o “los candidatos que hacen mal campaña” (como Filmus o Rossi) o “las consignas de campaña”, como sostuvieron los miembros de Carta Abierta. Todos estos análisis no dejan de ser superficiales, por lo cual se hace necesario hacer un análisis estructural y de clase para comprender las razones de fondo de este avance del PRO.
Los cambios en las coordenadas políticas nacionales
La explicación que intentaron hacer los miembros de Carta Abierta tras el triunfo de Macri, que todo el mundo lo vio más como una “catarsis” que otra cosa, estaba centrada en darle palos a Filmus como candidato, cuestionar la campaña electoral e incluso la falta de militancia para ganar votos. [1]
Pero lo cierto es que si hubo una corriente política que con el tiempo le sirvió la Capital en bandeja al macrismo esa fue la kirchnerista.
Es que el rol jugado por el kirchnerismo para “normalizar” el país, hizo que en una década cambien categóricamente las coordenadas políticas generales, en primer lugar a nivel nacional. Y no se puede dejar de mencionar, aunque no sea eje de esta nota, el proceso regional, en el que Kirchner jugó un papel destacado junto a los otros presidentes latinoamericanos (“hijos bastardos” de las rebeliones populares de comienzo de siglo), en ponerle paños fríos a los movimientos de rebelión que se vivieron en el cono sur desde la UNASUR.
¿Cuáles fueron los cambios en la situación política antes y post kirchnerismo? Con el Argentinazo, las coordenadas políticas habían girado radicalmente a la izquierda. Cinco gobiernos habían sido volteados por la rebelión popular, y entre los elementos distintivos de esa situación podemos mencionar que se había abierto una profunda crisis del régimen político de dominación (el “que se vayan todos” era la voz del momento) y la lucha política estaba en el terreno de la correlación de fuerzas en las calles. Duhalde intentó hacer un giro represivo para normalizar, y tras las movilizaciones masivas por los asesinatos de Kosteky y Santillán, tuvo que llamar a elecciones. Un elemento de profunda importancia fue la crisis de los partidos políticos patronales: el caso emblemático de la UCR, es que tras el Argentinazo, todo el mundo lo daba como un partido que había muerto.
Tras la asunción de Kirchner en 2003, con una debilidad política de haber salido en realidad segundo detrás de Menem y con el 22% de los votos (Menem no se presentó al ballotage y por eso asumió Kirchner), desde el oficialismo se tuvo toda una línea de cooptar a los movimientos de lucha (vía política, billetera, o en algunos casos ambas) y de buscar reventar a todos lo que se mantuvieran opositores por izquierda. Salvo las corrientes que nos reivindicamos del clasismo, el resto tuvo distinto tipos de coqueteos, adaptación o sumisión con el gobierno nacional.
El kirchnerismo volvió, lento pero sin pausa, a meter adentro del parlamento los debates políticos, volvió a recuperar la figura presidencial y ese fue su principal punto de apoyo para cumplir el papel de normalizador del país. Para poder lograrlo, tuvo que tener una ubicación con un relativo bonapartismo “progresista”, esto es, dar relativas concesiones frente a reclamos de movimientos de masas, al tiempo que hacía de árbitro entre la clase capitalista y los trabajadores y sectores populares. Es que estos gobiernos surgen cuando una determinada correlación de fuerzas entre las clases lo “obligan” a actuar así: nadie se imagina en una coyuntura con un Argentinazo que todavía quemaba, la asunción de un gobierno como Macri.
Estabilizar en clave burguesa fue la tarea que se propuso el kirchnerismo, y la propia normalización de un país en pleno auge de la lucha de clases hacia un país con democracia burguesa clásica es por naturaleza conservadora.
Tras el segundo mandato kirchnerista al frente del Gobierno Nacional, y como producto de haber cumplido una etapa importante en su curso normalizador, el centro de la “gravedad” política se ubica ahora más hacia el centro. Entonces ya no tenemos que la lucha política se decide en las calles, sino en las tramposas urnas de la democracia de los ricos. Ya no tenemos una UCR como “muerto vivo”, sino como un partido que, con sus debilidades, ahora es capaz de presentar nuevamente una figura presidencial como Alfonsín.
Esta normalización que llevó adelante el kirchnerismo, ahora se le vuelve en contra: un sector de la clase capitalista le exige que deje de lado los mecanismos de tipo bonapartistas “progres” y que vuelva a primar la lógica pura y dura del mercado: basta de subsidios, de retenciones, de congelamiento de tarifas en trasporte y servicios, etc. Basta de abrir frentes de “tormenta” atacando al grupo Clarín y metiendo “crispación” en la sociedad. El motivo es simple, ya no se necesita contener grandes movimientos de masas que estén luchando, gracias al propio kirchnerismo que los sacó de las calles. Para un sector de la burguesía, ya no hace falta la política para ordenar el país, sino “administrar” la gestión, y todos felices y contentos. Y en ese discurso de “no confrontar”, mantener la estabilidad, el diálogo y el “todo va bien”, Macri sacó cerca de la mitad de los votos haciendo la plancha y Del Sel casi gana Santa Fe.
¿Se viene un triunfo de la oposición patronal en las presidenciales?
Comprender a fondo estos resultados electorales impone necesariamente no caer en el impresionismo. En la editorial del número pasado mencionábamos cómo había funcionado el “voto estabilidad”, mecanismo por el cual se explica que muchos votantes de Macri seguramente lo vayan a hacer por Cristina en agosto y octubre. Esto es una expresión de que para mucha gente las cosas “no están tan mal”, por lo tanto “no es necesario cambiar nada”.
Por el lado del voto a Del Sel influyó, aparte de un sector del aparato peronista que hizo descender al PJ en casi 20 puntos de la interna abierta en dicha provincia a la elección definitiva, lo que también explicábamos en el número anterior, el mecanismo de que “con la estabilidad ya no hace falta la política”: es por esto que el gran triunfador de Santa Fe haya sido el discurso totalmente vaciado de contenido.
Como se puede ver, la complejidad de cómo puede actuar la estabilidad económica y política en una elección es contradictoria, pero en las presidenciales lo más probable es que actúe a favor de Cristina apostando a este mismo criterio de ratificar lo que existe, la situación tal cual está. Porque será en la elección nacional, y no en la Capital o Santa Fe, donde realmente se juegue la estabilidad en su conjunto y eso, insistimos, a priori beneficiaría al oficialismo K.
Claro que es lógico que la oposición quiera sacar la mayor cantidad de leña de los árboles que han caído, y si bien para la elección presidencial –como venimos señalando- no parece haber grandes cambios, lo cierto es que el centro político, en el plano electoral, está corrido un poco más a la derecha. Y en lo que respecta a la izquierda y la pelea contra la proscripción, el escenario general se pone más adverso. La ofensiva del gobierno contra la izquierda es un ataque global, que hoy se expresa en la ley proscriptiva intentando dejarla afuera de las elecciones, pero que también se expresa en la persecución a delegados como en Fate o en la represión a los docentes santacruceños, entre otros tantos conflictos. La respuesta del gobierno con las luchas obreras siempre fue dar palos, buscando fortalecer a la mafiosa burocracia sindical: la normalización persigue varios objetivos, entre los cuales se destaca el buscar reventar a la izquierda en su influencia tanto política como sindical y social.
Hoy se nos impone defender los derechos políticos de la izquierda enfrentando la proscripción y al Gobierno Nacional en todos los frentes, el mismo que mientras acalla a la izquierda le siembra el terreno a la derecha.

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