Qué votaron los porteños
¿Son de derecha los habitantes de Buenos Aires? El abrumador triunfo de Macri despertó iras e interpretaciones diversas, muchas dirigidas a enjuiciar hasta la catadura moral del electorado. Los expertos tienen otras definiciones menos taxativas: hablan de un electorado sofisticado, independiente, volátil, politizado y, sobre todo, muy cambiante
Domingo 17 de julio de 2011 | Publicado en edición impresa
Por Pablo Mendelevich
Estoy harto de leer tweets de progres y populistas enojados con el voto popular", repiten en el Twitter quienes no creen que después de un acto electoral el sector derrotado deba repudiar ni insultar a los vencedores. Ese hartazgo lo dice todo: no es ahora la derecha sino el progresismo, retóricamente devoto infatigable de la voluntad de las mayorías, el que armó un coro de indignados (o sacados) con un episodio de la democracia, el respaldo del 47,09 % a Mauricio Macri, robustez inesperada. Se ve que la nostalgia kirchnerista de los setenta no incluye en este turno aquella sentencia, también destemplada yautoritaria, según la cual "el pueblo nunca se equivoca". La voz más hostil de la semana, la de Fito Páez, esbozó el lado B del apotegma: pueblo que se equivoca da asco.
Muchas elecciones son acompañadas por cuadros de época. Uno habla de Herminio y la quema del cajón y evoca las presidenciales de 1983; recuerda a Pinky celebrando su triunfo en La Matanza y está en 1999. Tal vez la primera vuelta de 2011 para elegir autoridades porteñas quede en la memoria por el enojo de los perdedores con el voto popular, acompañado de una extraña celebración de la propia derrota.
Kirchnerismo explícito o ira desorganizada, lo cierto es que la simultaneidad de agravios y descalificaciones al voto ganador por parte de Páez, Aníbal Fernández, Horacio González, Víctor Hugo Morales y otros en el amanecer de la campaña para la segunda vuelta hicieron pensar que la Casa Rosada se aprestaba a lanzar por cadena nacional otro plan de la serie Fútbol para todos, Bicicletas para todos, Pescado para todos: "Macri para todos"? Chiste de opositores regocijados con el presunto efecto búmeran de la reacción kirchnerista.
Sofisticaciones porteñas
La cuestión a desentrañar es por qué casi la mitad de los porteños votó en forma tan categórica por la reelección de Macri, para disgusto de quienes esperaban perder, sí, pero más amablemente.
¿Se puede concluir que el votante porteño es de derecha? "No me parece", responde Diana Maffía, doctora en filosofía, diputada del ARI y ex directora académica del Instituto Hannah Arendt. "El porteño es un votante sofisticado, que cambia su voto de una elección a otra". Maffía recuerda que, en lugares donde ahora ganó Macri, hace dos años ganaba Pino Solanas. Se niega a concluir que haya una derechización por el hecho de que se hubiera votado contra la Casa Rosada. "Lo que pasó fue que hubo una estrategia del gobierno nacional de polarizar que terminó concentrando la oposición a Cristina Kirchner en Macri; esa estrategia salió mal", razona.
Hace falta recordar que la polarización fue inducida en gran medida por la inercia, ya que la campaña propiamente dicha, además de tardía, resultó lavada, desdibujada, al punto de que el debate público más acalorado versó sobre cómo organizar un debate público, ilusión frustrada. Observa con agudeza Alejandro Catterberg, director de Poliarquía, que las opiniones de Fito Páez, vertidas después de las elecciones, generaron en la sociedad mayor debate que el que hubo durante la campaña, lo que no deja de ser curioso. Que los reproches postelectorales tengan más espacio e interés que la información de los ciudadanos para la toma de decisiones no es algo a favor de quienes desde el oficialismo aplauden a Fito Páez por su contribución a generar el debate "que siempre es saludable". ¿Siempre?
Catterberg se rehúsa a utilizar las categorías izquierda y derecha para analizar al electorado porteño debido a que no hay partidos identificados así, ni tampoco políticas públicas. "¿Las bicisendas son de derecha o de izquierda?", inquiere sin esperar respuesta. Es cierto, en su opinión, que una parte importante de la población de la ciudad de Buenos Aires es menos estatista que la del resto del país y que mira más hacia el exterior, "lo que no significa ser de derecha", mientras otra parte es más tolerante que el promedio nacional en temas sociales (como el matrimonio igualitario). "Pero esta es la misma ciudad que después de votar a Macri para jefe de Gobierno votó a Carrió, cuando ella presentaba una propuesta progresista, la misma que votó a Ibarra y donde gran parte votó a Cavallo". A Catterberg no lo sorprende que el votante medio mute. Si es por la aparente paradoja de que Buenos Aires, la ciudad más cosmopolita del país, elige ahora para sí gobiernos más conservadores, el analista político invita a mirar a Nueva York, nada menos, donde desde hace doce años gobiernan los republicanos.
Contó el martes pasado Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y miembro del grupo Carta Abierta, que lo había embargado un sentimiento de "profunda angustia" al conocer la amplia ventaja que Macri consiguió sobre su principal rival. González consideró que el sector social porteño macrista tiene actitudes de "cercamiento" y que así empieza a preparar "terrenos que terminan siendo fértiles para ciertas formas de racismo". Por eso piensa que en la ciudad de Buenos Aires se instaló una "ideología tacaña, particularista, defensiva y egoísta". No le va en zaga al funcionario bibliotecario la propia Cristina Kirchner, quien en un mismo día, el miércoles, buscó diferenciarse de los oficialistas que insultan a los porteños ("los queremos a todos", bendijo) para minutos después, al forzar en uno de sus discursos un párrafo sobre los beneficios de la inmigración latinoamericana, terminó tratando a Macri de racista, aunque sin nombrarlo. Asqueado, pues, sólo está Fito Páez. Todo lo que la Presidenta insinuó -lo dijo sin decirlo- fue que la mitad de los porteños votó a un racista.
Desde el análisis con perspectiva histórica, la explicación que encuentra Rosendo Fraga para el voto a favor de Macri pasa por otro lado. Fraga dice que la ciudad de Buenos Aires es el distrito donde el voto cautivo o incondicional es el más bajo: no supera el 15 %. Lo que significa que el votante porteño es el más independiente de todos. La historia, explica el director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, muestra que por lo general la Capital electoralmente ha ido a contramano de la tendencia nacional. Tuvieron derrotas en el distrito no sólo Roca, Yrigoyen y Perón sino también Frondizi, Menem y Kirchner. "La paradoja -dice Fraga- es que cuando el país vota hacia el centro, la Capital suele hacerlo hacia el centroizquierda y, en cambio, en momentos en que como ahora un proyecto de centroizquierda es dominante, los porteños votan hacia el centroderecha".
En la misma línea de casi todos los especialistas consultados, el politólogo Vicente Palermo opina que lo ocurrido en las urnas el domingo pasado no es un fenómeno "raro" ni mucho menos. La volatilidad electoral del distrito está relacionada con el hecho de que el porteño forma parte del amplio sector independiente del electorado, que vive una relación conflictiva con los partidos desde mucho antes de que se instalara la así llamada crisis de representación. "A la vez -dice Palermo- el porteño suele ser bastante politizado; la combinación de estas dos características explica que examine con cierto cuidado sus opciones electorales en cada llamado a las urnas". Para este investigador independiente del Conicet y miembro del Club Político, el votante de la Capital Federal es, a la vez, "desconfiado y cínico, no espera demasiado de aquellos a los que elige" y también "es el que más toma en cuenta, comparando con otros distritos, lo nacional". Lo cual no significa que lo local no le parezca importante.
Política sin que se note
Hay, pues, en el voto de la principal ciudad del país, la ciudad "autónoma", una combinación de dimensiones que entrecruzan la política nacional con los baches, la tendencia continuista propia de los climas económicos de cierta prosperidad con algo de las ideologías y mucho de las obras hechas y las que no se pudieron hacer por trabas ajenas -o no- al gobierno municipal. Pero tampoco debe restarse importancia a la dimensión que conjuga aspectos personales de los candidatos con sus estilos de comunicación, de donde se desprenden, en general, diferentes concepciones de la política. El domingo por la noche, mientras los seguidores de Filmus honraban el credo K "nunca menos" celebrando una derrota que se impostaba como victoria, los de Macri reincidían en la imagen del grupo de amigos que se juntan a bailar y cantar entre globos de colores (esa noche, por cierto, más eufóricos que de costumbre). Otra vez Twitter habla de cierta percepción colectiva: allí, a los que encumbraron a Macri, se los empezó a llamar #votaglobos .
La desdramatización de la política de la mano del gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba, a quien se le atribuyen las recetas que reposicionaron a Macri, al parecer sintoniza con la idea de que al votante medio le resulta mucho más sencillo conectarse con las vivencias personales de los candidatos que con sus devaneos ideológicos. En ese sentido, la buena onda (más la idea de "gestión") ayudaría a Macri por partida doble. No sólo por contrastar con la confrontación permanente que propone el kirchnerismo sino por hacer política sin siquiera nombrarla. Sobre todo, sin que las tensiones, las disputas, los conflictos de intereses ocupen el centro del escenario, una despreocupación teatralizada en los festejos con sabor a cumpleaños de quince.
Eso es bien distinto del estilo del Frente para la Victoria, que, con bombo y Marcha, siempre festeja, gane o pierda, y siempre consigue exaltar un récord que habilite los brindis. Sin ir más lejos, la mayúscula distancia porcentual entre el primero y el segundo, tan vociferada en las presidenciales de 2007 cuando Cristina Kirchner le ganó a Lilita Carrió, fue tema tabú el domingo pasado en boca de los voceros kirchneristas, que sólo hablaban del histórico ascenso (cuatro puntos, de 23,75% a 27,78%) logrado por Filmus respecto de 2007. Mejor es ver los desempeños en términos de seres humanos: a Filmus en 2007 lo habían votado 414.205 porteños. Ahora fueron 489.651. Y a Macri lo habían votado (siempre hablamos de la primera vuelta) 798.292. Ahora fueron 829.892. Un detalle importante para evaluar las fluctuaciones es que durante estos cuatro años Macri estuvo gobernando. No irrumpe ahora. Bueno, tampoco Filmus.
"Me resulta sorprendente que a ese electorado al que se intentó representar con una fórmula luego se lo insulte -dice la filósofa Maffía-; es un mecanismo casi infantil."
Doctor en geografía política, ex director general electoral de la Ciudad de Buenos Aires, Marcelo Escolar es contundente: "Los resultados de la elección del domingo -dice- no me resultan extraños, ya que en términos generales reproducen los patrones habituales del voto porteño; lo demás es una ilusión óptica producida por encuestas políticas defectuosamente realizadas." A Macri, "abultado" según Escolar, probablemente lo benefició el giro a la centroderecha de la coalición Alfonsín-De Narváez, porque "pudo incorporar el voto radical antiperonista y progresista y, con ello, el voto mediano levemente tirado hacia la izquierda en la Capital quedó volcado aparentemente hacia la derecha". Escolar acuerda en que Filmus mejoró mucho respecto del 2007, si bien para ganar en segunda vuelta tendría que sacarle votos a Macri.
Si uno quiere tener una idea espacial de cuántos porteños fueron a votar el domingo sólo tiene que pensar en el millón ochocientos mil autos que entran por día a la ciudad de Buenos Aires: casualmente esa misma cantidad de personas, un millón ochocientos mil, es la que votó. Faltaron a las urnas 770.491 personas, casi tantas como las que votaron por Filmus. Precisamente Filmus espera convencer a muchas de ellas para que en la segunda vuelta no repitan el ausente? Y además voten por él, tarea titánica. Tendría que sumar más de 22 puntos porcentuales a sus electores de la primera vuelta para ganar la segunda. Los que no votaron por Macri ni por Filmus representan el 27 % del total, pero allí abundan los votantes antikirchneristas. Por eso Escolar dice que, para ganarle a Macri, Filmus debería robarle sus propios votantes. Y quién sabe si la volatilidad del voto porteño da para tanto.
© La Nacion
INTENCIONES DE VOTO
La encuesta que realizó Poliarquía para La Nacion tres semanas antes de las elecciones porteñas no sólo indagaba en la intención de voto sino que permitió recabar datos, hasta ahora inéditos, sobre las razones esgrimidas por el encuestado. Entre los votantes de Macri, el 31 por ciento dijo que "hace las cosas bien/es cumplidor", un 14 por ciento dijo "me gusta" y un 13% aprobó su gestión. Recién el 4° ítem fue de tipo político: el 11 por ciento dijo que lo votaría "porque estoy en contra del gobierno nacional". Sólo un 4 % obtuvo el ítem "Estoy de acuerdo con su forma de pensar".
En cambio, la razón más mencionada por los votantes de Filmus (28%) fue "porque apoya el proyecto nacional
está con CFK". En segundo terminó (21%) resultó "es honesto/capaz/idóneo/correcto". Y en tercero (20%), "no aprueba la gestión de Macri/por descarte". El ítem "por convicción ideológica/es del FPV alcanzó 6% y "por su trayectoria", 3%.
El estudio demuestra, pues, que las consideraciones de política nacional fueron mucho más gravitantes entre los votantes de Filmus que entre los de Macri.
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